La primavera se acerca en México y la tradición sinfónica indica recibirla con el Concierto núm. 1, Primavera, de la famosa tetralogía de obras para violín y orquesta de Antonio Vivaldi (1678-1741) conocida como las Cuatro estaciones.
Sin embargo, la música clásica ha imaginado esta estación de muchas otras maneras. En Benjamin Britten, la primavera es despertar de la tierra y de la vida; en Stravinski, fuerza ritual y energía primordial; en Schumann, anuncio luminoso y promesa de renovación. Y también aparece, con otros matices, en oberturas, arias, canciones, valses y paisajes sonoros de Händel, Debussy, Piazzolla, Gershwin, Haydn, Johann Strauss, la tradición japonesa y el mexicano Joaquín Beristáin.
La primavera según Britten
Para representar la primavera a través de sonidos, Benjamin Britten enriquece la dotación instrumental de una orquesta sinfónica con:
- Maderas triplicadas.
- Dos arpas.
- Una inmensa sección de percusión.
¿Y qué pueden significar estas inusuales elecciones orquestales?
De entrada, explorar la primavera desde distintas miradas:
- Maderas triplicadas: perspectivas boscosas.
- Dos arpas: aspectos primaverales etéreos.
- Muchas percusiones: establecer el palpitante ritmo de una estación asociada con el renacimiento.
Pero además de los instrumentos, la obra está escrita para varios tipos de voces y agrupaciones corales:
- Tenor (voz operística masculina aguda).
- Soprano (voz operística femenina aguda).
- Contralto (voz operística femenina grave).
- Coro de hombres.
- Coro de mujeres.
- Coro de voces blancas (niñas y niños).
¿Y qué pueden significar estas decisiones vocales?
De entrada, que la humanidad está involucrada. Que dentro de esta exploración musical de la primavera las personas (sus alegrías, temores, ilusiones y dudas) también son protagonistas.
Este protagonismo humano está definido en un libreto que contempla poemas de cuatro poetas ingleses:
- Edmund Spencer (1552-1599)
- George Peele (1556-1596)
- John Clare (1793-1864)
- W.H. Auden (1907-1973)
¿Y qué busca Britten lograr con esta elección instrumental, vocal y literaria?
Britten lo explica con sus propias palabras:
“En mi sinfonía busco representar el progreso del invierno a la primavera y el retorno al despertar de la tierra y la vida que esto significa”.
Para establecer esta narrativa cíclica, Britten divide su sinfonía en los siguientes cuatro movimientos:
- El primer movimiento tiene que ver con el sol. Con el calor. Con el brillo. Por eso la partitura indica allegro. Solistas y coros van articulando un himno celebratorio, donde hay dicha humana, pero también (bajo el misterioso influjo del ritmo) el imparable latido de la naturaleza que encierra su eterno ciclo de destrucción y nacimiento.
- La expresión en el segundo movimiento es lenta y, a causa de su atmósfera introspectiva (por momentos incluso íntima), hay quienes han dicho que la luna está involucrada. Aunque las referencias explícitas, presentes en los poemas que son cantados por el tenor, los coros y la contralto, tienen que ver con el mes de mayo y con una persona que en una noche de verano se recuesta sobre la hierba.
- En la tercera parte, la primavera ha comenzado a cambiar. Conforme avanza, casi sin darse cuenta, sólo siendo, sus colores, aromas, texturas y climas se han convertido en otros: más cálidos y encendidos. La primavera ha perdido su condición acuosa y etérea (pérdida que la música acentúa por medio de las maderas y las voces blancas). Se trata de un movimiento de espera; algo está a punto de cambiar, pero todavía no llega. Algo parecido a la nostalgia.
- En el último movimiento de su Sinfonía primavera, Britten despide a la primavera a través de un vals monumental en donde los coros se suman mediante un sonido vocal sin palabras, y todo comienza a precipitarse lentamente hacia la transformación inevitable: el verano, que significa comienzo, pero también final, porque la primavera ha terminado y se prepara, desde la oscuridad, para, en el siguiente año, comenzar a brillar.
La primavera según Stravinski
Si en Britten la primavera aparece como despertar, brillo y transformación cíclica, en Stravinski irrumpe como fuerza primordial. En La consagración de la primavera, estrenada en París en 1913, la estación no canta: sacude.
La música avanza con ritmos incisivos, acentos violentos, disonancias y una orquesta de potencia desbordada, como si la tierra despertara no desde la calma, sino desde una energía antigua, ritual y colectiva.
El propio Stravinski evocó el origen de la obra como la visión de “un solemne rito pagano”. Esa imagen permite escuchar esta primavera no como una celebración apacible, sino como una ceremonia de fuerza, temor y renovación, donde la naturaleza deja de ser paisaje para convertirse en destino.
La primavera según Schumann
En Schumann, la primavera no irrumpe como una fuerza ritual, sino como una promesa que poco a poco se vuelve presencia. En su Sinfonía núm. 1, Primavera, la música avanza desde la expectativa hacia el florecimiento: primero como anuncio, después como expansión luminosa. No se trata sólo de pintar un paisaje, sino de traducir en sonido esa agitación interior que provoca el regreso de la luz, el verdor y el movimiento.
El propio Schumann imaginó el comienzo de la obra de esta manera: “desde el mismo comienzo quisiera que las trompetas sonaran como desde lo alto, como un llamado a despertar.”
Esa llamada inicial define el espíritu de toda la sinfonía: una primavera romántica, menos tempestuosa que la de Stravinski y menos coral que la de Britten, pero igualmente atravesada por la idea del renacimiento.
Una playlist para seguir escuchando la primavera
Más allá de la visión coral, poética y sinfónica de Benjamin Britten, la primavera también ha inspirado oberturas, canciones, valses, arias y paisajes sonoros muy distintos entre sí. Esta playlist reúne algunas obras que dialogan con la estación desde diferentes épocas, estilos y geografías: del lirismo clásico a la melancolía porteña, de la delicadeza japonesa a la brillantez vienesa. Una invitación a seguir escuchando cómo la primavera florece en la música.
Joaquín Beristáin (1817 – 1839)
George Frideric Händel (1685 – 1759)
The Spring is coming, de la ópera Ottone, HWV 15
Canción tradicional japonesa
Claude Debussy (1862 – 1918)
Ástor Piazzolla (1921 – 1992)
George Gershwin (1898 – 1937)
Sing of Spring, de la película A Damsel in Distress
Franz Joseph Haydn (1732 – 1809)
Ven, dulce primavera, del oratorio Las estaciones
Johann Strauss (1825 – 1899)