Quodlibet

Como polvo de cristal

Por Alan Heiblum

¿En qué filosofía se basa el músico minimalista Franssens para componer La armonía de las esferas: en el pensamiento de Espinoza o en el de Leibniz? Siga de cerca las traslúcidas razones de Alan Heiblum para atravesar el misterio. Un sabio construye a Dios y a la libertad en la penumbra; el entendimiento es la única vía: ésta es la pista para atravesar el laberinto musical de las preguntas que despertarán en el lector.

“Por dios entiendo

un ser absolutamente

infinito, esto es, una

substancia que consta

de infinitos atributos,

cada uno de los cuales

expresa una esencia

eterna e infinita.”

La armonía de las esferas, escrita por el compositor holandés Joep Franssens (1955) entre 1994 y el 2001, es un ciclo de cinco movimientos para coro mixto y orquesta de cuerdas, basado en la legendaria Ética según el orden geométrico, del gran filósofo holandés del siglo xvii Benito Espinoza, también estructurada en cinco apartados:

Primera parte: “De Dios”.

Segunda parte: “De la naturaleza y el origen del alma”.

Tercera parte: “Del origen de la naturaleza de las afecciones”.

Cuarta parte: “De la servidumbre del hombre o de la fuerza de las afecciones”.

Quinta parte: “De la potencia del entendimiento o de la libertad del hombre”.

Franssens no tomó el material para sus cinco movimientos de los cinco apartados respectivos de la obra de Espinoza, lo que hizo fue una selección personal de las partes i, iii y iv del tratado.

En especial, podrá sorprender al lector que ninguno de los textos elegidos resplandece a primera vista. No se trata de aforismos sobrecogedores ni de líneas bellamente ornamentadas ni de ideas inauditas. Y sí, al igual que en el taller de un pulidor de lentes, los objetos más traslúcidos se esconden bajo una densa capa de polvo; hace falta insuflar para descubrirlos. De la misma manera, para dar justa medida a los parlamentos de los movimientos i y v, hace falta un mínimo de contexto.

Te invitamos a leer el artículo completo a continuación:

Durante el Barroco, la gran arquitectura fue pensada como música congelada y la gran música como edificios sonoros. […] una de las ideas que reposaba detrás de esta forma de entender el mundo era la de la armonía de las esferas, el sueño pitagórico, vuelto a despertar por el Renacimiento, de un universo ordenado según la gracia de un geómetra divino.

Puedes encontrar más artículos como este en la Revista Quodlibet de la Orquesta Sinfónica de Minería:

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