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Guía rápida para saber cuándo aplaudir en un concierto de música clásica

Guía rápida para saber cuándo aplaudir en un concierto de música clásica

¿Que debo saber sobre música?
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Seguro te ha pasado:
Estás en un concierto. Te gusta la música. Aplaudes.
Y de pronto algunas personas a tu alrededor te hacen ¡SHHHHHHHHH!
Entonces ya no vuelves a aplaudir por miedo de que vuelvan a callarte.
Y sales de la sala con una sensación extraña:
¿Por qué las reglas sobre cuándo aplaudir en un concierto de música clásica son tan raras?
En realidad, no lo son.
Te las explicamos en esta guía rápida.

El teatro se alimenta del aplauso

La música con representación escénica tiene un inherente componente teatral. Su interacción con el público resulta esencial.
En la ópera, por ejemplo, durante un aria virtuosa, no sólo es bien visto que el público aplauda, sino que se espera que lo haga.
No importa que ese aplauso interrumpa la narración dramática.
De hecho, si la ovación es prolongada, el director concertador, en anuencia con el solista, puede tomar la decisión de repetir esa aria.
Por lo tanto, en un contexto operístico, suele estar bien visto interrumpir la música con aplausos.

¿Y en un concierto sinfónico?

En un concierto sinfónico, no hay teatro.

Los instrumentistas, a diferencia de los cantantes de ópera, no ven hacia el público, sino hacia sus atriles. El sentido del sonido que producen no es escénico, sino sinfónico. Es parte de una textura orquestal y para cumplir bien  con su rol necesitan de una gran concentración.

Por eso, incluso en los momentos más electrizantes de una obra, aplaudir se puede considerar una falta de respeto. Por ejemplo, al aplaudir durante un pasaje virtuoso a cargo del fagot, ese aplauso puede distraer a la persona que está tocando el instrumento. Y eso es desatento.

Además, seguir atentamente una narración sinfónica también exige un ejercicio de concentración intensa por parte de la persona que escucha. Por lo tanto, aplaudir durante la interpretación suele considerarse un gesto poco considerado hacia los otros espectadores.

Consulta el programa de mano para saber cuándo aplaudir

Pero seguramente te ha ocurrido que tú has aplaudido cuando la orquesta ya está en silencio, incluso el director ha bajado su batuta, y aún así te han callado.

Esto se explica porque muchas obras sinfónicas están compuestas por distintas partes. Al respecto, las convenciones tradicionales establecen que no se debe aplaudir durante los silencios entre estas distintas partes, sino hasta que la obra haya finalizado.

Por ejemplo, en La mer de Debussy hay tres movimientos:

1.- Del amanecer al mediodía en el mar

2.- Juego de las olas

3.- Diálogo del viento y el mar 

En este caso, las convenciones tradicionales marcan:

1.- Del amanecer al mediodía en el mar

(no aplaudas)

2.- Juego de las olas

(no aplaudas)

3.- Diálogo del viento y el mar

(aplaude)

O pongamos el caso de la Sinfonía núm. 39 en mi bemol mayor, K. 543, de Mozart, que se compone por cuatro movimiento:

 1.- Adagio-Allegro

                  2.-  Andante con moto

                  3.- Menuetto (Allegretto)

                  4.- Finale (Allegro)

En este caso, las convenciones tradicionales marcan:

              1.- Adagio-Allegro

                  (no aplaudas)

             2.-  Andante con moto

                  (no aplaudas)

              3.- Menuetto (Allegretto)

                  (no aplaudas)

              4.- Finale (Allegro)

(aplaude)

¿Y cómo puedo saber cuáles son los movimientos internos que integran una obra?

Los movimientos internos que integran una obra suelen estar marcados en el programa de mano.

Por lo tanto, es recomendable consultarlo antes de que comience la interpretación de la obra.

En resumen

Ya tienes toda la información necesaria para saber cuándo aplaudir de acuerdo a las convenciones mayormente aceptadas en conciertos sinfónicos. Básicamente se reducen a tres criterios:

  1. No aplaudas durante la interpretación.
  2. No aplaudas cuando terminen los movimientos internos de una obra.
  3. Sólo debes aplaudir al final de la obra.

¿Existen excepciones en este protocolo de aplausos?

Sin embargo, hay margen para la polémica.

Algunos melómanos no están listos para esta conversación, pero existen obras específicas donde seguir estos criterios al pie de la letra puede llevar a cometer graves faltas de respeto.

Pensemos, por ejemplo, en la  Sinfonía núm. 6, Patética, de Chaikovski. Consta de los siguientes cuatro movimientos:

  1. Adagio – Allegro non troppo
    II. Allegro con grazia
    III. Allegro molto vivace
    IV. Finale. Adagio lamentoso

De acuerdo con las convenciones tradicionales, el protocolo de aplausos marcaría:

  1. Adagio – Allegro non troppo

(no aplaudas)
II. Allegro con grazia

(no aplaudas)
III. Allegro molto vivace

(no aplaudas)
IV. Finale. Adagio lamentoso

                  (aplaude)

Sin embargo, durante el último movimiento, Chaikovski anuncia su muerte. Es un final profundamente trágico. Música que poco a poco, desconsoladamente, se extingue, cada vez más lenta, cada vez más suave, hasta el silencio. Un silencio fúnebre, abismal, lleno de tristeza y soledad. Un silencio que exige ser respetado.

El tercer movimiento de la sinfonía, en cambio, es alegre y vivaz, lleno de virtuosismo pirotécnico. Construido con la clara intención de exaltar hacia el éxtasis del aplauso.

De tal forma, que en el caso de esta obra, la misma esencia de la música establece su propio protocolo de aplauso de esta manera

  1. Adagio – Allegro non troppo

(no aplaudas)
II. Allegro con grazia

(no aplaudas)
III. Allegro molto vivace

(aplaude
IV. Finale. Adagio lamentoso

                  (no aplaudas: ¡Chaikovski se está despidiendo!)

 Pero seguramente si una persona, guiada por una conexión directa con la esencia expresiva de la música, aplaude al terminar el tercer movimiento, van a hacerle ¡SHHHHHHHHH!

Aunque tenga toda la razón en aplaudir, seguramente van a callarla.

En cambio, aunque Chaikovski se desvanezca en un lamento y exija silencio, al final de su Patética, los melómanos del mundo suelen aplaudir a rabiar, cometiendo así un acto insensible hacia la esencia de la música… pero convencionalmente aceptado.

¿Entonces cuándo debo aplaudir?

Así que, como te puedes dar cuenta, el aplauso es una respuesta emotiva a las características específicas de una obra y está relacionado con las sensaciones personales que esa música te genera. Aunque resulta amable que antes de aplaudir te hagas dos preguntas:

  • ¿Mi aplauso puede desconcertar al intérprete?
  • ¿Mi aplauso puede interruptor el flujo narrativo de la obra?

Y si las respuestas son dos no, simplemente aplaude.

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