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John Williams sin Hollywood, ¿es buena su música de concierto?

John Williams sin Hollywood, ¿es buena su música de concierto?

Acercamientos a la música
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No hay duda: John Williams (Estados Unidos, 1932) es una de las personas compositoras más relevantes para la industria cinematográfica de la historia. Sus bandas sonoras para Star WarsE.T o Harry Potter son memorables y cautivadoras. Y tan famosas que han silenciado el resto de su producción. De hecho, cuando a la música de John Williams le quitas el complemento “para la película de…”, ¿qué obtienes? Generalmente desconocimiento. Y entonces sí surgen muchas dudas cuya esencia podría reducirse en dos preguntas:

  1. ¿John Williams ha escrito música que no sea para películas?
  2. En caso afirmativo, ¿es buena la música de John Williams más allá de Hollywood?

En este blog trazamos las respuestas.

¿John Williams ha escrito música que no sea para películas?

La respuesta es contundente:

¡Sí!, y mucha.

¿De qué tipo?

Entre su repertorio no cinematográfico destaca su interés por explorar su pensamiento musical a través de la forma concierto, género sinfónico que tradicionalmente le plantea al compositor un reto muy claro:

Articular una narración sonora eficaz en donde un instrumento solista y la orquesta exploren diversas posibilidades expresivas a través de diálogos creativos y originales en torno a procedimientos unitarios, ya sea a través de motivos comunes o atmósferas compartidas.

En un concierto, el instrumento solista tiene la evidente función de distinguirse sobre los demás, para lo cual suele contar con múltiples pasajes protagonistas. Este protagonismo puede apelar a distintas características interpretativas. Por ejemplo, a ornamentos espectaculares como velocidades de vértigo. Aunque también puede tratarse de un protagonismo más bien sensitivo, en donde lo que destaca no es el efecto sino la capacidad de transmitir profundas emociones.

Sobre el porqué le atrajo particularmente este género para explorar su música de concierto, John Williams ha declaradoque se trata de “una forma de arte que puede expresar emociones profundas y complejas”

Una revisión somera a su catálogo de conciertos, indica que John Williams a lo largo de su carrera creativa ha sentido una irreprimible curiosidad por experimentar posibilidades entre orquesta sinfónica y distintos instrumentos solistas. Por ejemplo:

  • Concierto para flauta y orquesta (1969)
  • Concierto para clarinete y orquesta (1991)
  • Concierto para chelo y orquesta (1994)
  • Concierto para fagot y orquesta, The Five Sacred Trees (1995)
  • Concierto para trompeta y orquesta (1996)
  • Concierto para corno y orquesta (2003)
  • Concierto para viola y orquesta (2009)
  • Concierto para oboe y orquesta (2011)

Ahora lo tenemos claro:

John Williams sí ha escrito música que no sea para películas, principalmente conciertos. Ahora, la segunda pregunta:

¿Es buena la música de John Williams más allá de Hollywood?

Cada persona debe juzgarlo.

Existen algunas ideas que pueden resultar relevantes para emitir este juicio.

La función de la música para cine, de entrada, es clara:

Acentuar el componente emotivo de construcciones visuales.

Aunque también puede ir más allá e incorporar componentes psicológicos e incluso metafísicos para ahondar en todo aquello que diálogos y escenas quizá insinúan, pero dejan increado. Es justamente esta profundidad psicológica lo que hace que las bandas sonoras de John Williams sean tan hipnóticas y conmovedoras: a través de sus partituras de películas insinúa aspectos recónditos en la intimidad de los personajes, presagia posibles giros siniestros en la trama o refuerza conceptos definitivos para entender la historia.

Sin embargo, la música cinematográfica siempre debe servir a un programa extramusical. Está al servicio de algo más. En cambio, un concierto tiene la posibilidad de estar al servicio pleno de su propio sonido: ser música abstracta.

Y mientras la música para películas suele juzgarse en torno a lo que aporta o deja de aportar a escenas cinematográficas, en la música abstracta no hay ningún otro parámetro al cual atender más que sí misma: juzgarla de acuerdo a sus propias reglas.

Es aquí donde juzgar música puede ser complicado. Pues, ¿qué reglas?

Se puede, por ejemplo, seguir procedimientos tradicionales y desarrollar un concierto de acuerdo a ciertas convenciones que durante varios años fueron inmutables (introducir un tema A con la orquesta y luego presentar una variación de ese tema A con el instrumento solista. Y  posteriormente realizar la misma dinámica con otro tema, pero invertirla: introducir un tema B con el instrumento solista y luego presentar una variación de ese tema B con la orquesta). De esta forma quizá entender y seguir la forma del concierto puede resultar sencillo. Sin embargo, también se puede optar por estructuras menos evidentes, donde los desarrollos temáticos no siguen pautas tan claras, o incluso los mismos temas resultan difusos.

Al respecto, en su libro Cómo escuchar la música, donde propone la audición de música abstracta como una experiencia accesible, Aaron Copland plantea que para escuchar la música es esencial:

  1. Concentrarse en la obra.
  2. Abrir el oído hacia los distintos acontecimientos sonoros.
  3. Seguir con atención esos acontecimientos sonoros.

Y luego, simplemente hay que preguntarse:

  • ¿Esta música me está haciendo sentir algo?
  • ¿Qué?
  • ¿Me gusta/interesa/atrae lo que estoy sintiendo?

¿Qué dices tú?

Para determinar si para ti es buena la música de John Williams más allá de Hollywood, te proponemos aplicar estos conceptos dos de sus conciertos:

Concierto para violín y orquesta núm. 2 (2021)

  • Compuesto en 2021 para la violinista Anne-Sophie Mutter.
  • Encargado por la Filarmónica de Boston y el Festival Tanglewood.
  • Tres movimientos:
    • Allegro moderato
    • Adagio
    • Rondo (Burlesca)
  • Dura aproximadamente 35 minutos.

Concierto para tuba (1985)

  • Encargado por la Boston Pops Orchestra para celebrar su centenario.
  • Dedicado a Chester Schmitz, el tubista principal de la orquesta en ese momento.
  • Tres movimientos conectados:
    • Allegro moderato
    • Andante
    • Allegro molto
  • Dura aproximadamente 20 minutos.

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