Sinfónica de Minería

“Minería es una orquesta de festival sinfónico”, Sergio Vela

“Minería es una orquesta de festival sinfónico”, Sergio Vela

Entrevistas
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Sergio Vela ha estado vinculado con la Orquesta Sinfónica de Minería desde varios frentes: público, director de Música UNAM, presidente del Conaculta (hoy Secretaría de Cultura) y consejero artístico responsable de la programación de las temporadas de verano. 

Conversamos con él para recrear algunos momentos destacados de su colaboración con Minería, como cuando, al lado de Carlos Miguel Prieto, trazó el ya legendario “Ciclo Mahler”, en el que entre 2010 y 2011 se interpretaron todas las partituras orquestales del célebre compositor bohemio.

Por HRJ

 

¿Cómo se dio la designación de Carlos Miguel Prieto como director titular de la Orquesta Sinfónica de Minería tras la muerte de Jorge Velazco y el interinato de Carlos Spierer?

Carlos de la Mora, entonces presidente de la Academia de Música del Palacio de Minería. y yo, como su consejero desde mi cargo como responsable de la Dirección General de Música de la UNAM, hablamos sobre a quién debíamos designar como nuevo director titular para la temporada 2006 y yo propuse a Carlos Miguel Prieto, quien entonces era titular de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, y había sido director asistente en el periodo de Jorge Mester en la Filarmónica de la Ciudad de México a finales de los noventas (en un estupendo momento de esa orquesta). Carlos Miguel es un buen violinista, tiene una personalidad afable, a la par de tener una vocación musical inequívoca, junto con gran musicalidad y, más que destreza, un auténtico dominio del oficio (no en balde fue a instancias mías —siendo yo presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes— que también asumió en 2007 la titularidad de la Orquesta Sinfónica Nacional, donde rindió grandes frutos durante tres lustros, hasta fines de junio de 2022. Carlos Miguel tomó la dirección musical de la Orquesta Sinfónica de Minería a partir del año 2006.

¿De qué manera cambió tu relación con Minería cuando, en 2006, asumiste la presidencia del Conaculta (actualmente Secretaría de Cultura)?

De 2006 a 2009 fui presidente del Conaculta. Naturalmente, por la naturaleza de mi cargo público, dejé de fungir como consejero activo de la Academia de Música del Palacio de Minería, pero sí fungí como consejero honorífico y brindé desde la institución un apoyo sustancial a la orquesta —el mayor respaldo financiero e institucional que hubiera recibido de parte de las autoridades culturales federales—, y el rector De la Fuente decidió que la Universidad no se quedaría atrás, de tal suerte que hubo un periodo de gran apoyo de las instituciones públicas a la Sinfónica de Minería. Y en 2009 regresaste a ser consejero artístico de Minería en activo… Sí, al salir del Conaculta me volví consejero artístico y mi función básicamente fue proponer el contenido específico de cada una de las temporadas de verano —hasta 2015—, acordando con Carlos Miguel Prieto y con Carlos de la Mora la programación artística, a la que procuré imprimir un sentido de coherencia y unidad, bien sea por complementariedad o por contraste en el repertorio, y con un claro propósito de que cada temporada fuera una suerte de viaje musical cabal y bien pensado, para beneficio del público, pues estoy convencido de que la programación debe tener un sentido didáctico implícito, y no necesariamente obvio.

¿De qué manera Minería podía construir programaciones unitarias (que resultan tan atípicas entre las orquestas mexicanas)?

La programación, a mi juicio, no consiste en incorporar a un plan de trabajo lo que uno prefiere, lo que a uno le gusta más. Pensando en todo el repertorio, la programación es lo que queda destilado, quintaesenciado, después de haber pasado por un largo proceso de reflexión donde intervienen cuestiones estrictamente técnicas (por ejemplo, evitando que haya un desgaste excesivo para los metales o las cuerdas) y buscando que el resultado sea rico y variado, pero siempre legible o más bien tan audible como formativo— para el público. Son muchos equilibrios los que hay que buscar cuando se programa. Con Minería se pueden llevar a cabo proyectos que con otras orquestas es muy difícil de realizar, pues Minería tiene todo a su favor: la calidad de los músicos, flexibilidad de horarios, disponibilidad de la mejor sala de conciertos de la ciudad (la Nezahualcóyotl) y poder programar con suficiente antelación y sin discusiones estériles por intereses sindicales que poco o nada tienen que ver con el arte.

¿Cómo surgió la idea para realizar el ya legendario “Ciclo Mahler”?

Nuestra mentalidad está muy condicionada por las efemérides, que se celebran a partir del sistema métrico decimal. Nuestro cómputo del tiempo nos permite efectuar ciertas reflexiones en fechas señaladas. En 2010 se cumplían 150 años del nacimiento de Mahler y en 2011, 100 de su muerte. Entonces, ¿por qué no, en el transcurso de dos años, hacer toda la obra de Mahler? 

Se presentó desde la Canción del lamento hasta la Décima sinfonía (en la edición de Deryck Cooke) en secuencia cronológica, salvo la Octava, que sirvió como clausura del segundo año, en un concierto que comenzó con el movimiento de cuarteto para piano que escribió Mahler en su juventud (era un guiño: el tránsito de lo más pequeño y juvenil hasta lo más grande, la última obra, colosal, estrenada por Mahler en el transcurso de su vida) Pero una programación unitaria no significa que sea excluyente: todo Mahler no significa solo Mahler, así que también añadimos a compositores que tenían que ver, de una u otra manera, con la estética de Mahler.  

Pienso que la idea de programar por complementariedad o por contraste, para que el público vaya construyendo su propio gusto musical —guiado de manera discreta y prudencial—, fue una de mis buenas aportaciones a la trayectoria de la Orquesta Sinfónica de Minería.  Así procuré construir la programación durante todos los años en los que fui consejero artístico directamente responsable de la programación, hasta 2015. 

¿Qué otra decisión destacas de tu periodo como consejero artístico?

Uno de los capítulos de los que me siento ufano es haber podido designar a Shari Mason como concertino de la orquesta. Carlos Miguel Prieto y yo estuvimos de acuerdo y persuadimos a Carlos de la Mora de tomar la decisión de su designación por varios motivos: Shari era la indicada por su impecable sentido de responsabilidad, por su admirable musicalidad, por el respeto de sus colegas, por su liderazgo, por sus aptitudes como solista, por su dedicación a la música de cámara, por su juventud, por su incuestionable rigor para ir en pos de una constante mejoría de la orquesta en su conjunto y de su propio desempeño. Shari es extraordinariamente exigente consigo misma y conozco a pocos atrilistas que gocen tan profundamente la música y tengan un afán de mejora constante. Y se mantiene ella como concertino de la orquesta hasta hoy en día.

¿Qué hay en la naturaleza de Minería que la convierte en una orquesta tan especial?

Para redondear todas estas reflexiones memoriosas y profundas sobre la naturaleza de Minería, quisiera decir que Minería es una orquesta de festival, es una orquesta para llevar a cabo, cada verano, un festival sinfónico. Yo he dirigido un buen número de festivales en el mundo. Tengo una marcada preferencia por la naturaleza y el formato de un festival: los festivales implican la alteración del ritmo cotidiano de la vida de manera benéfica. Existen muchos tipos de ellos: festivales monotemáticos, multiartísticos o que se asocian a un recinto en particular. Y es muy importante el hecho de que Minería es una orquesta de festival porque su misma naturaleza evita caer en la rutina en la que inevitablemente caen las orquestas permanentes. Y es que las temporadas de Minería se presentan solo en verano. Y esto implica que no hay sitiales inamovibles, y los músicos regresan al año siguiente porque les gusta el reto artístico, la superación y el compromiso cualitativo implicado en el proyecto. Ser una orquesta de festival le permite a Minería renovarse, tener aire. Es una orquesta siempre fresca y eso la convierte en excepcional, pues su criterio rector es, preponderantemente, la calidad artística. Como me decía Eduardo Mata, lo que más importa es el buen resultado.

¿De qué manera Minería, como institución privada, ha logrado una continuidad artística durante más de 40 años?

Minería funciona como funciona de bien en primer lugar porque es una institución de derecho privado, es una asociación civil, y eso me parece que comienza a marcar una diferencia fundamental con la continuidad burocrática que tienen las instituciones públicas. Minería tiene las características de concitar el apoyo de las instituciones públicas y considero que es la mejor forma de hacer política cultural en cualquier parte del mundo. Minería no depende de una sola fuente de ingresos, tan es así que hoy no recibe recursos gubernamentales, pero no ha cesado su actividad porque cuenta con un amplio grupo de socios, consejeros, amigos y público asiduo. Y se dedica a vender abonos. La labor de la venta por taquilla es importantísima, pero ninguna orquesta subsiste de eso porque son altísimos los costos. Otra razón importante es el hecho de que Minería cuente con el respaldo de la UNAM, de que se trate de un proyecto universitario, como lo demuestra el hecho de que el presidente honorífico es el rector y el vicepresidente honorífico es el director de la Facultad de Ingeniería.

¿Cómo vislumbras el futuro de Minería?

Minería tiene un futuro absolutamente promisorio. En primer lugar, en estos momentos es necesaria mayor participación del sector privado en este tipo de proyectos y Minería, al ser una institución de derecho privado, justamente se maneja con total transparencia. En segundo lugar, hay una recuperación del público en conciertos presenciales y eso siempre será muy sano. Yo no puedo sino celebrar que, contra viento y marea, una institución que comenzó en 1978 esté viva al cabo de 44 años. Es un gran mérito de todos los que han formado parte, de todos los que han participado de una u otra manera y le han brindado esta gran continuidad. Estamos hablando de una orquesta de gran jerarquía, de una orquesta capaz de desempeñarse con un altísimo nivel, una orquesta que perfectamente puede grabar prácticamente cualquier repertorio, enfrentar prácticamente cualquier problema técnico y divulgar con altísima calidad sus contenidos. Yo no tengo más que cariño, agradecimiento, gratitud y respeto a todas las personas que han formado parte de Minería, una orquesta que siempre estará en mi corazón.   

 

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