Sinfónica de Minería

Música escrita por mujeres

Compositoras y compositores
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Por HRJ

La prohibición y el encierro enlazan la obra de las mujeres compositoras. Música brillante creada desde la marginación y el desprecio, y ese vínculo resulta definitivo para descubrir, escuchar y sentir su voz íntima. Como muestra de solidaridad por los movimientos del 8M, la Orquesta Sinfónica de Minería ofrece estas ideas, recomendaciones y cronología sobre música escrita por mujeres.  

 

De acuerdo con enciclopedias especializadas, como Women Composers (The lost tradition found) de Diane Peacock y The Norton/Grove Dictionary of Women Composers, existen registros de más de 70 mil compositoras que han escrito música, mucha de ella brillante, desde la invención de las partituras. La gran mayoría de estas obras han sido y siguen siendo ignoradas por el hecho de haber sido escritas por mujeres. 

Sin embargo, en realidad, la música occidental podría ser enseñada sin la necesidad de mencionar hombres. Por ejemplo: 

  • Primeras partituras: Hildegarda von Bingen.   
  • Renacimiento (surgimiento de la ópera): Francesca Caccini y Barbara Strozzi.   
  • Barroco: Isabella Leonarda y Élisabeth Jacquet de La Guerre. 
  • Clasicismo: Anna Amalia de Prusia, Laura Lombardini Sirmen y Maria Theresia von Paradis. 
  • Romanticismo: Fanny Mendelssohn, Louise Héritte-Viardot y Clara Wieck. 
  • Protomodernidad (cuando las últimas románticas dudan sobre el sistema tonal): Cécile Chaminade, Lili Boulanger y Amy Beach. 
  • Vanguardias: Ruth Crawford Seeger.  
  • Maneras radicales de articular sonidos: Alicia Urreta y Ruth Schönthal. 
  • Segunda mitad del siglo XX: Ana Lara, Gloria Coates y Sofiya Gubaidúlina 
  • Siglo XXI: Gabriela Ortiz y Jennifer Higdon 

Prohibición y encierro (breve mirada a la historia de la música escrita por mujeres)

 Si una mujer quería crear música durante el Medievo, debía encerrarse en un convento; si quería crear música durante el Barroco y el Clasicismo, debía pertenecer a la nobleza, haber destacado como solista (interpretando música de hombres) y tener el permiso escrito de su gobernante (permiso que únicamente podía solicitar con la autorización de su padre o marido). La prohibición y el encierro enlazan la obra de las antiguas mujeres compositoras. Es música creada desde la marginación y el desprecio, y ese vínculo resulta definitivo para descubrir, escuchar y sentir su voz íntima.  

Incluso durante el Romanticismo, época en la que los conservatorios (públicos y privados) se volvieron mixtos y las mujeres de clase media tuvieron acceso a la educación musical por primera vez en la historia y comenzaron a componer música masivamente, los hombres se negaron a aceptar una música escrita por mujeres. ¿Y qué argumentaron los hombres para menospreciar, silenciar, agredir, boicotear y ningunear a las mujeres que han escrito música? 

He aquí los aterradores fragmentos de la carta que Gustav Mahler le escribió a Alma Schindler en enero de 1902, dos meses antes de casarse con ella:  

“Lo que tú eres para mí es: MI MUJER… tenemos que ser uno en nuestro amor, pero, ¿en las ideas?, ¡Alma mía!, ¿dónde están tus ideas?… tú tienes que ser como yo lo necesito si queremos ser felices… ¿quieres componer?, ¿por placer o para aumentar los tesoros de la humanidad?… el que compone soy yo y a partir de hoy tú también tienes un trabajo: ¡hacerme feliz! La configuración de tu vida futura, en todos sus detalles, ha de depender íntegramente de mis necesidades”.  

Con respecto a la Misa (1893) de Ethel Smyth, el crítico inglés Henry Cope Colles dijo que era buena debido a su “virilidad” orquestal. Insinúa que una mujer solo aspira a crear buena música si adopta una postura masculina; es decir: si piensa como hombre; lo que significa, por lo tanto, que las buenas mujeres compositoras lo son porque, en el fondo de sus corazones, quieren ser hombres. Semejante idea la refuerza Antonín Dvorák en esta declaración que dio a la prensa al llegar a Boston en 1892: “Aquí todas las mujeres parecen saber tocar el piano. Eso está bien: es algo lindo. Pero me temo que las mujeres no pueden ayudarnos mucho: ellas no tienen poder creativo”. 

 

Cronología sobre música escrita por mujeres

  • 570 A.C: Safo de Mitilene, griega, compone música para cantar su solitaria poesía lunar. 
  • 737: Xosroviduxt, armenia, compone un lamento para recordar a su hermano asesinado. 
  • 867: Muere la romana Kassia. Compuso 49 himnos litúrgicos. 
  • 1174: Hildegarda von Bingen termina de escribir Libro de las obras divinas, que junto con Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales y Libro de los méritos de la vida conforma una trilogía de música litúrgica con visiones y profecías enlazadas por un místico lenguaje de poética apocalíptica. 
  • 1150-1250: Las trovadoras Azalaís de Porcairagues, Beatriz de Día, Maria de Ventadorn, Blanche de Castile y Dame Maroie componen historias cortesanas en la Europa feudal sobre sexo, intriga, pasión y desprecio para ser cantadas por voces femeninas acompañadas de laúd o flauta. 
  • 1560-1583: Las italianas Maddalena Casulana y Tarquinia Molza componen colecciones de madrigales. 
  • 1593: Raffaella Aleotti, italiana, compone la seria Canciones sacras 
  • 1619: Sulpitia Cesis, italiana, compone Un motete espiritual 
  • 1664: Barbara Strozzi, italiana, compone su octava colección de música vocal (madrigales, duetos y arias principalmente). 
  • 1689: Angiola Teresa Moratori Scanabecchi, italiana, compone el oratorio El martirio de Santa Colomba. 
  • 1700: Isabella Leonarda, italiana, compone un libro de motetes. 
  • 1707: Élisabeth Jacquet de La Guerre, francesa, compone un libro de sonatas para violín y clavecín 
  • 1736:  Mlle Duval, francesa, compone el ballet Los distintos personajes del amor  
  • 1756: Anna Bon, italiana, compone una Sonata para flauta núm. 1 
  • 1780: Franziska Lebrun, alemana, compone dos colecciones de sonatas para violín 
  • 1791: La austriaca Maria Theresia von Paradis, ciega desde los cuatro, compone la ópera Ariadna y Baco 
  • 1795: Héléne de Nervo de Montgeroult, francesa, compone Tres sonatas para pianoforte  
  • 1806: Sophia Maria Westenholz, alemana, compone 12 lieders alemanes 
  • 1819: Marianna Bottini, italiana, compone un Stabat mater en memoria de su madre 
  • 1825: Maria Szymanowska, polaca, compone Danzas polonesas para piano 
  • 1837: Clara Wieck, alemana, compone su único Concierto para piano y orquesta 
  • 1846: Kate Loder, inglesa, compone su único Cuarteto para cuerdas 
  • 1852: Emilie Mayer, alemana, compone Sinfonía núm.6  
  • 1866: Susan McFarland, estadounidense, compone la canción Mi padre es un borracho y mamá está muerta 
  • 1869: Teresa Carreño, venezolana, compones Mazurka de salón 
  • 1879: Marie Jaëll, francesa, compone el poema sinfónico Ossiane 
  • 1888: Cécile Chaminade, francesa, compone la sinfonía Las amazonas 
  • 1896: Liza Lehmann, inglesa, compone el ciclo de canciones En un jardín persa 
  • 1904: Pauline Viardot-García, francesa, compone la ópera La cenicienta 
  • 1915: María Rodrigo, española, compone el Quinteto para piano e instrumentos de viento 
  • 1926: Ethel Smyth, inglesa, compone el Concierto para violín y corno 
  • 1931: Ruth Crawford Seeger, estadounidense, compone su único cuarteto de cuerdas 
  • 1934: Germaine Tailleferre, francesa, compone el Concierto para dos pianos, coros, saxofón y orquesta 
  • 1948: Doreen Carwithen, inglesa, compone la música para la película Cosecha del desierto 
  • 1951: María Teresa Prieto, española, compone Sinfonía de la danza prima 
  • 1967: Gisela Hernández, cubana, compone el ciclo de canciones Tríptico 
  • 1975: Lycia de Biase Bidart, brasileña, compone Cantos tupis para corno, flauta y clarinete. 
  • 1978: Alicia Urreta, pionera de la electroacústica en México, compone Selva de pájaros para cinta magnética 
  • 1979: Sofiya Gubaidulina, rusa, compone En la cruz, para chelo y órgano o acordeón 
  • 1982: Ellen Taaffe Zwilich, estadounidense, compone Sinfonía núm. 1 
  • 1993: Rocío Sanz, costarricense, compone la suite para orquesta Hilos 
  • 1999: Ruth Schönthal, alemana, compone su Cuarteto de cuerdas núm. 3, En memoria del Holocausto 
  • 2004: Gabriela Oriz, mexicana, escribe la video ópera Únicamente la verdad en torno al mito de Camelia la Texana.  
  • 2016: Jennifer Higdon, estadounidense, estrena su ópera Cold Mountain en Santa Fe Opera.  
  • 2022: Ana Lara, mexicana, estrena su obra en movimiento único Breves sombras para orquesta sinfónica sin trombones ni tuba. 

Acercamiento a cuatro obras para tu playlist

1.- Una presencia vagabunda camina la noche de Fanny Mendelssohn 

En su obra para piano y barítono Una presencia vagabunda camina la noche (publicada un año después de su muerte), la alemana Fanny Mendelssohn (1805-1847) comienza en tonalidad mayor a describir las tinieblas; hacia el tercer verso, cuando la presencia vagabunda habla sobre nubes, modula hacia tonalidad menor y la atmósfera armónica comienza a enrarecerse, cada vez más vaga, cada vez más lánguida, hasta llegar a la palabra “gris”. Ahí la música parece desintegrarse; entonces los acontecimientos retroceden al instante anterior y el barítono repite la palabra, como si pudieran ofrecer nuevas revelaciones al revisitarla: “gris”, y la voz, al volver a cantar lo que ya había cantado, se ensombrece hasta lo siniestro. Tras esta pausa extraña, tan semejante en su expresión al recuerdo de una pesadilla, la narración modula hacia tonalidad mayor y asciende lentamente, cada vez más consistente, cada vez más exaltada, hasta alcanzar atmósferas más benignas dentro de lo que parece ser el paisaje de un mismo amargo sueño. 

 

2.- Pie Jesus de Lili Boulanger 

A la francesa Lili Boulanger (1893-1918) se le reventó el apéndice (diciembre de 1917) mientras escribía la ópera La princesa Meleine y murió seis meses después, a los 24 años. Mientras agonizaba, le dictó a su hermana mayor Nadia (también compositora) un Pie Jesus cuyo momento más conmovedor es cuando la mezzosoprano incorpora una palabra nueva en su canto: “sempiternam” (eterno), que provoca la inesperada aparición de un arpa. Tras la súplica por descanso eterno en la voz humana, el sonido del órgano permanece vibrando, inexorable y absoluto, a través de su pedal hasta vaciarse de todos sus colores. 

 

3.- Sinfonía gaélica de Amy Beach 

La estadounidense Amy Beach (1867-1944) escoge un violín al inicio del tercer movimiento de su Sinfonía gaélica (1896) para interpretar una melodía lenta y dramática que avanza inestable entre un entusiasmo suave, casi alegre, y una desesperanza severa, casi amarga. Un segundo violín ꟷlejano, discretoꟷ acentúa la inestabilidad expresiva de un diálogo que por sus contrastes entre la ilusión y el desgarro adquiere el aspecto de un lamento romántico. Este breve pasaje entre los dos violines es el único momento de auténtica sensualidad en una intensa sinfonía plagada de ideas que nacen de la rabia

 

4.- Estudio de Else Marie Pade  

Al inicio de Estudio (1961), Else Marie Pade (1924-2016) graba las olas y el viento y edita sus sonidos hacia el ruido blanco; un mar industrial del que no se especifica procedencia, pero en el fondo es aire y es agua, y que lo sean ꟷque sus voces estén obtenidas directamente de la naturalezaꟷ los convierte en metáforas de la realidad cuya contundencia y poder evocativo superan las posibilidades de cualquier instrumento tradicional.  

El paisaje sonoro es roto por electrónicos sonidos metálicos de campanas cuyos tañidos son manipulados por computadoras, y en ese exacto momento ꟷcuando la compositora manipula a su antojo los parámetros del sonido a través de la tecnologíaꟷ la música se ha convertido en materia; crearla ya no requiere de intérpretes (y la necesidad de esperar a que una orquesta suene para poder corregir errores). Ahora la compositora trabaja en relación directa con sus materiales; su trabajo, por lo tanto, adquiere sesgos escultóricos.  

Hacia la mitad de Estudio, el mar industrial se prolonga en dilatadas vibraciones que sirven como atmósfera para la anunciación de diversas existencias sonoras físicas (máquinas, edificios, cables) y abstractas (cansancio, insatisfacción, sorpresa) cuyos movimientos horizontales comienzan a sucederse y crecer, unos tras otros, cada vez más altos, cada vez más rápidos. De pronto la vorágine de canto cibernético se desinfla hacia ese mar original que se entrega a su destino musical con el cosmos y el tiempo: en el segundo 333 extinguir el sonido de su última ola.

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