Sinfónica de Minería

Música para una Navidad contemporánea

Música para una Navidad contemporánea

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Por HRJ

 

Celebrar la Navidad desde la música clásica es una experiencia conmovedora y extraordinariamente amplia que, sin embargo, suele caer en las mismas tres obras: 

  1. Chaikovski y su ballet El cascanueces (1892) 
  2. Händel y su oratorio El Mesías (1741) 
  3. Bach y su Oratorio de Navidad (1734) 


Y si la oferta se amplía, pueden incluirse:
 

  1. L. Mozart y su Paseo en trineo 
  2. Liszt y su Suite en torno a un árbol de Navidad 
  3. Poulenc y sus Motetes para tiempos navideños 
  4. Saint-Säens y su Oratorio de Noel 
  5. Rimski-Kórsakov y su ópera La noche de Navidad 
  6. Britten y su Ceremonia de villancicos 
  7. Charpentier y su Misa de medianoche 
  8. Honegger y su Una cantata de Navidad 
  9. Berlioz y su oratorio La infancia de Cristo 
  10. Pierné y su oratorio Los niños de Belén 

 

13 obras que en apariencia ofrecen una experiencia diversa sobre las interpretaciones sonoras en torno a la Navidad y lo navideño. Sin embargo, desde un punto de vista estético, todas comparten un elemento común: 

La tonalidad, sistema de ordenamiento musical que dominó en la música occidental durante los siglos XVII,  XVIII, XIX y principios del XX y su principal característica es estar estructurado en torno a la melodía. Es decir: más allá de sus expresiones distintas, todas estas obras están escritas con un mismo idioma ideal.  

Durante el siglo XX surgieron nuevas maneras de articular sonidos y se recuperaron formas antiguas de hacerlo diferentes a la tonalidad. Esto generó el rompimiento de un idioma ideal y la creación musical, desde un punto de vista idiomático, comenzó a ofrecer posibilidades inabarcables.  

En la Orquesta Sinfónica de Minería nos dimos a la tarea de buscar en la desconcertante vastedad sonora de la música escrita en los últimos 100 años tres propuestas ajenas a la tradición que te permitan celebrar desde la música una Navidad contemporánea.    

1.- Suite de El cascanueces (1960) de Duke Ellington y William Thomas Strayhorn 

Chaikovski reinterpretado a través del jazz. Y el jazz significa libertad (casi lo contrario a la tonalidad). El cascanueces, por lo tanto, desde Duke Ellington y Strayhorn está lleno de sorpresa y elasticidad genérica. Los temas principales no están citados, sino reinterpretados. En términos populares, estamos ante una transcreación y no ante un cover. Los pasajes por todos escuchados adquieren distintas sonoridades, otros cromatismos. Por momentos suena a blues y a veces soplan aires de las grandes bandas elegantes y sofisticadas de Art Hickman, Fletcher Henderson y Paul Whitman. ¿Y Chaikovski qué hubiera pensado sobre esto? De entrada, podríamos pensar que rechazo (como reaccionó Joaquín Rodrigo ante la transcreación del Adagio del Concierto de Aranjuez que hizo Miles Davis). Pero Rajmáninov, el trasnochado seguidor de Chaikovski en pleno siglo XX, adoraba el jazz y quizá a través de su figura estos dos Cascanueces se hermanan.  

2.- Noel (Navidad) de Oliver Messiaen, XIII movimiento de su ciclo para piano solo Veinte visiones del niño Jesús (1944)  

El ciclo para piano solo Veinte visiones del niño Jesús de Olivier Messiaen es una obra críptica, densa y compleja, así como profundamente teológica (el compositor acompañó la partitura con un minucioso ensayo literario sobre las ideas que dieron origen a la música). Las 20 piezas que componen el ciclo están atravesadas por cuatro motivos recurrentes que se asocian a conceptos (motivo de dios, motivo del amor místico, motivo de la estrella y de la cruz y motivo de los acordes) y durante las dos horas que dura la obra son empleados de manera recurrente con variaciones principalmente rítmicas. En Noel, el movimiento XIII, se aborda la Navidad, pero su exploración se aparta de cualquier atmósfera celebratoria y se centra en la expectación de lo que vendrá; una expectación que es angustiosa, pero también esperanzadora.  

3.- Ciclo coral de villancicos Ex Maria Virgine (2005) de John Tavener 

El mundo espiritual ha sido una de las preocupaciones constantes  en la música del compositor John Tavener (pensemos en obras tempranas como Últimos ritos o Un réquiem celta). En 2001, tras estudiar distintas religiones, se describió a sí mismo como “universalista”, término que refiere a una postura en donde todas las religiones se consideran igualmente válidas. Desde este ánimo de tolerancia y hermandad escribió esta obra navideña, sobre la que escribió: “está dedicada a María, la madre de Dios, la eterna feminidad, y debe ser cantada de manera radiante”. Además de este espíritu luminoso que es exaltado a través del canto, la música (escrita para coro y órgano) destaca por una estética que estructuralmente abreva en el procedimiento de repetir células melódicas del minimalismo. 

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