Sinfónica de Minería

Navidad, una crónica sonora

Navidad, una crónica sonora

Conciertos Minería
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Por HRJ

 

Piensa en la Navidad y recuerda tu infancia. Comienza a recrearla a través de lo que escuchas. ¿A qué sonaban tus jornadas decembrinas cuando tenías 7, 9, 11 años?  

En la Orquesta Sinfónica de Minería te invitamos a escribir una breve crónica sobre los sonidos navideños que envolvían la atmósfera en tu casa cuando eras niñ@.  

Para evocar esos sonidos, puedes hacerte estas preguntas: 

¿Qué suena?
         ¿Dónde suena?   ¿Qué lo hace sonar?
¿A qué suena? ¿Es un sonido simple o compuesto?
¿Qué elementos componen ese sonido? ¿Quién recibe ese sonido?
¿Qué te hace sentir ese sonido? ¿En qué piensas cuando lo escuchas?
¿Qué fantasías te desencadena ese sonido? ¿Cómo reaccionan las personas a tu alrededor ante ese sonido?
¿De qué manera describirías ese sonido? 

 Divide las imágenes sonoras que obtengas en tres partes (cada una de un párrafo): 

 1. Sonidos navideños matinales 

2. Sonidos navideños de la tarde.  

3. Sonidos navideños nocturnos.   

Para que sea un texto vívido, escribe en presente.  

Mándanos el resultado a carlos.diaz@mineria.org.mx 

Un ejemplo: 

I 

La Navidad de mi infancia comienza con las oníricas campanitas atadas a las patas de Moira, una beagle cachorra, quien a las seis de la mañana sube corriendo las escaleras hacia mi cama, y yo, aún en sueños, escucho el tintineo, cada vez más agudo, cada vez más cerca, hasta que de pronto despierto durante el silencio anterior al salto que da la perra del suelo a mi cuerpo y ella, toda felicidad y cascabeles, comienza a lamerme la cara mientras, alegre, jadea ante la perspectiva de nuestros juegos matinales en donde yo aviento su pelota de goma que rebota en el pasto y, muy quieta a mi lado, espera el momento exacto en que debe ir a buscarla que llega con mi aplauso.  

(Durante la mañana, los sonidos en la Navidad de mi infancia eran: 

 oníricas campañas 

Moria cachorra subiendo escaleras 

tintineo cada vez más agudo,  

cada vez más cerca  

silencio anterior al salto 

perrita toda felicidad y cascabeles 

alegre jadeo 

pelota de goma que rebota en el pasto 

aplauso) 

II 

Las cinco cucharas de madera descoordinadas recogen crema de tomate en los platones de porcelana, cada una a su ritmo distinto, en la mesa de la sala, al lado del balcón por donde se ve a una ardilla escalando el tronco del limonero del jardín hacia el lugar entre las hojas más bajas que utilizan las dos rojas calandrias para, hacia las cinco y media de la tarde, establecer un intenso diálogo de trinos fragmentados, en donde mamá escucha juego, papá coqueteo, hermana desconsuelo, hermano disputa y yo, que siempre he sentido sueño ante la cercanía del ocaso, simple cansancio, que combato al terminar la crema poniéndome de pie y caminando descalzo por la alfombra hacia la cocina, en donde vierto agua en una tetera que pongo bajo el fuego a hervir.  

(Durante la tarde, los sonidos en la Navidad de mi infancia eran: 

 cinco cucharas de madera descoordinadas 

recogen crema de tomate en platones de  

porcelana  

ardilla escala limonero 

intenso diálogo de trinos fragmentados 

dos calandrias  

¿juego, coqueteo, desconsuelo, disputa  o cansancio? 

pasos descalzos en la alfombra 

agua en tetera comienza a hervir) 

III 

Los panoramas nocturnos instalaban la fantasía en la imaginación de todos nosotros y, claro, durante noches navideñas, yo sentía la ilusión de tierras con hielo, que no conocía, así que le preguntaba a papá: ¿cómo fue esquiar en Canadá?, ¿cómo se siente caerte y ser absorbido por nieve?, ¿es distinto el color de la luna cuando estás tan al norte?, y él, tan propenso al misterio y la parquedad, soltaba palabras sueltas cargadas con suavidades, como “guates”, “venados” y “deslizarse”, con las cuales (ya acostado en la cama, tras haberle quitado a Moira las campanitas de sus patas) yo reconstruía antiguas historias invernales en las que él, con su abundante barba con rizos y voz acerada, llevaba peludas gabardinas y prendía un cigarro con un cerillo antes de tocar el estridente timbre que le abriría la puerta de la fiesta en la que estaba a punto de conocer a mamá.  

(Durante la noche, los sonidos en la Navidad de mi infancia eran: 

 ilusión de tierras con hielo 

caerte y ser absorbido por nieve 

palabras cargadas con suavidades: 

guantes 

venados 

deslizarse  

quitar campanitas de unas patas 

voz acerada 

prender un cigarro con un cerillo 

estridente timbre 

una fiesta en la que le esperaba el amor)

 

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