Sinfónica de Minería

Panorama sobre música clásica contemporánea

Panorama sobre música clásica contemporánea

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Por HRJ

¿A qué suena la música clásica mexicana contemporánea? ¿Quiénes son las personas que la crean? ¿Cuáles son sus pensamientos y cuáles sus lenguajes? ¿A qué suena su arte?
¿Qué buscan sus narraciones sonoras? ¿Cómo fueron concebidas y estructuradas? ¿De qué manera distribuyen su imaginación a través de una orquesta? 

 

A lo largo de sus 45 años de historia, la Sinfónica de Minería ha comisionado y estrenado más de medio centenar de obras a personas mexicanas. De hecho, en los estatutos de la orquesta se establece como una obligación.  

Con la intención de rescatar obras olvidadas o poco interpretadas y trazar un panorama sobre la creación de música clásica mexicana de la segunda mitad del siglo XX y el XXI, en esta entrega ofrecemos acercamientos a:  

  •  Zaztun (1998) de Hilda Paredes (1957) 
  • Cuatro misterios eleúsicos (1979) de Federico Ibarra (1943) 
  • Concierto para violonchelo y orquesta (1998) de Hebert Vázquez (1963) 

Hilda Paredes (1957) 

Zaztun (1998) 

A pesar de vivir desde hace muchos años en Inglaterra, los vínculos que Hilda Paredes tiene con México son permanentes y profundos. Estos vínculos resultan evidentes en su obra para orquesta Zaztun, como lo estableció la misma compositora en una entrevista con Juan Arturo Brennan de 1998. 

“Mientras más tiempo pasas fuera de tu país, más consciente te vuelves de lo que te hace ser diferente. Toda la familia de mi madre es de Yucatán. Mi abuelo, que se hizo médico pediatra, hablaba muy bien el maya. Fue campesino en su infancia, cerca de Labná (yacimiento arqueológico de la civilización maya). Y de él he aprendido algunas palabras y dichos en maya. Me interesan mucho las leyendas e historias mayas porque en ellas se encuentra una manera de explicar la naturaleza y el mundo muy certera y fascinante. En Europa y en cualquier país del primer mundo la vida se vuelve muy pragmática y compleja y los parámetros de concepción de la vida siempre caen dentro de la lógica. Yo estoy convencida de que en nuestro México indígena hay una sabiduría muy rica y muy valiosa no sólo para nuestro país, sino también para el resto del mundo” 

En maya, “zaz” significa luz  y “tun”, época o espejo. Por lo tanto, el título de la obra podría traducirse al español como “piedra de luz”, concepto que en la música de Hilda Paredes se asocia al poder espiritual de las curanderas y curanderos mayas. Y es ahí hacia donde las búsquedas sonoras se dirigen en Zaztun: hacia nacimiento y misterio, enigma y luminosidad. Hacia la conformación de un espacio desencajado del tiempo abierto hacia la magia.   

Federico Ibarra (1943) 

Cinco misterios eleúsicos (1979) 

  1. Orplied II 
  2. Sephirot  
  3. Pelops  
  4. Celephais  
  5. Rarvarok  

Para escribir sus Cinco misterios eleúsicos, Federico Ibarra se inspira en Eleusis, la ciudad griega famosa en la Antigüedad clásica por un rito que exigía a los iniciados mantener boca y ojos cerrados con la intención (de acuerdo a las especulaciones de los historiadores) de celebrar a algunas divinidades cuyo culto, por polémico, debía de mantenerse secreto.  

Sin embargo, en la música de Federico Ibarra el rito antiguo es sólo una mera antesala misteriosa para explorar otros misterios, igualmente arcanos, pero de otro tiempo. Por ejemplo, los sombríos versos del Conde de Lautréamont (1846-1870) o las estremecedoras pinturas de Leonora Carrington (1917-2011).  

A partir de estas referencias extramusicales, la obra se articula en torno a diversas atmósferas unidas en torno a una misma búsqueda enigmática y sombría, pero al mismo tiempo rica en estímulos e intenciones, que va y viene a través de interminables exploraciones que musicalmente destacan por su capacidad de transmitir sensaciones: miedo, angustia y tensión, al igual que éxtasis, tranquilidad y esperanza.   

Hebert Vázquez (1963) 

Concierto para violonchelo y orquesta (1998) 

El compositor uruguayo-mexicano Hebert Vázquez compuso su Concierto para violonchelo gracias a una beca que le otorgó el gobierno del Estado de México en 1994 y fue dedicada al violonchelista Laszlo Frater Hartig, fundador del Conservatorio de Música del Estado de México.  

Con respecto a la obra, Hebert Vázquez comenta (en una entrevista que le otorgó a Juan Arturo Brennan con motivo del estreno en 1998 de su obra con la OFUNAM): 

“La obra se inicia con una tocata de actividad rítmica constante en la que, tras una introducción orquestal, se establece contacto con los materiales temáticos más importantes del movimiento. El violonchelo hace su aparición compartiendo la escena con el piano, instrumento que a lo largo del movimiento mantendrá una presencia importante. La tocata está basada en motivos derivados principalmente de dos intervalos de tercera menor y cuarta aumentada (…). El segundo movimiento, intermezzo, es de carácter íntimo. Llega a desarrollar una expresión delicada un tanto austera que por momentos contrasta con la masa orquestal utilizada en el primer movimiento. Aquí se usa un número reducido de instrumentos alternados en pequeños grupos de cámara variables con algunas apariciones solistas. Una de las características más importantes del movimiento es la búsqueda de un color sutil siempre cambiante. Con este fin se hace un uso discreto de recursos humorísticos, como los armónicos simples y dobles en las fugas (…). El tercer movimiento es un scherzo que despliega toda una colección de texturas variables a un ritmo frenético. La orquesta le arrebata el papel protagónico al violonchelo interrumpiéndolo, obstruyéndolo y acusándolo en medio de constantes burlas. El violonchelo hace esfuerzos por recuperarse evocando temas del primer movimiento en una especie de llamada a la cordura. Sin embargo, su material temático empieza poco a poco a degenerar hasta que finalmente el violonchelo es reducido al silencio absoluto o confinado al trabajo grupal”.

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