Sinfónica de Minería

Una revolución llamada Beethoven.

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“En la Orquesta Sinfónica de Minería vamos a interpretar las nueve sinfonías de Beethoven en nuestra Temporada de verano 2022.
¿Por qué Beethoven?
La respuesta es sencilla y hermosa: porque en nuestra primera temporada presencial tras la pandemia queremos celebrar la vida y el arte sinfónico de Beethoven nos permite transmitir el más profundo, intenso y conmovedor mensaje musical de esperanza y hermandad.

 

Por HRJ

“¿Por qué Beethoven sigue siendo importante durante el siglo XXI?”

La vida parece haber vuelto a la normalidad, pero la sensación es que algo ha cambiado para siempre. La pandemia ha transformado muchas cosas, lo cual exige volver a empezar. Y esa posibilidad en una orquesta sinfónica implica de cierta forma reestructurar su repertorio.  

En la Orquesta Sinfónica de Minería escogimos a Beethoven para hacerlo porque su música todo lo contiene y todo lo abarca, todo lo comienza y todo lo termina. Su figura permite establecer una clara continuidad sonora incluso entre estilos y posturas en apariencia contrarias: Los grandes maestros barrocos nacidos durante el siglo XVII (como Bach) y los modernos compositores que rompieron con el sistema tonal a principios del siglo XX (como Stravisnki) están íntimamente enlazados a través de Beethoven. 

La música de Beethoven es principio y fin del arte sinfónico occidental. Por lo tanto a partir de él se estructura la programación de nuestra Temporada de verano 2022. A partir de Beethoven cualquier trayecto resulta natural. Su presencia en la historia de la música es ubicua y aglutinante. Se trata de una figura esencial que nos permite juntar músicas distintas sin perder claridad, concisión ni coherencia. “¿Por qué a Beethoven se le considera revolucionario?” Ser músico en los días de Beethoven significaba sometimiento. Su abuelo había sido jefe de la cocina y ayuda de cámara el primer esposo de su madre (María Magdalena). Él era compositor, y los tres oficios partían de la misma cosa: servir a los amos… y dormir en las pequeñas habitaciones bajas (a veces subterráneas) de los palacios, que eran compartidas. Beethoven se negó a seguir sometido a un amo. Fue el primer compositor independiente de la historia. Se mudó a Viena para trabajar como músico en el palacio de Fernando Waldstein, pero estableció sus propias condiciones, que inmediatamente escandalizaron a la aristocracia. Por ejemplo, cuando alguna emperatriz le pedía tocar el piano a cuatro manos, Beethoven la rechazaba con furia. Y la nobleza vienesa criticaba a Fernando Waldstein: ¿por qué soportas la insolencia de tu pianista?; ¡deberías fusilarlo: es un descarado! Y Beethoven no saludaba. Caminaba hacia el piano y construía sonidos brutales que jamás habían sido escuchados. Partían del armonioso equilibrio coqueto y burbujeante de los maestros clásicos (Haydn, Mozart, Salieri), pero llevaban la galantería a la última frontera y ahí, al borde de vibraciones desconocidas, dirigía el sonido hacia lo prohibido. Era música iracunda y despiadada. Estaba escrita en un idioma conocido (la tonalidad) y eso (que pudiera ser comprendida) era su mayor peligro: El oído la dejaba entrar gozoso y confiado… pero una vez dentro del cuerpo, el ímpetu melódico arrasaba con cualquier resistencia y cada corazón, por unos instantes, se encendía con la perdición de sus sueños inconfesables. Bajo el lascivo hechizo de esa música mágica y sensual, los hombres y las mujeres quedaban sobrecogidos ante la voracidad de sus fantasías más privadas. Beethoven fue el primer artista independiente de la historia y también el iniciador del Romanticismo, donde la música expresa el mundo interior.

“¿Cuándo perdió Beethoven la capacidad de oír?” Hacia 1805, a los 35 años, a Beethoven le resultó imposible seguir ocultando que se estaba quedando sordo. Abandonó el palacio de Fernando Waldstein para aislarse a las afueras de Viena (“evito el trato con la gente, pues no es cosa de ir diciendo a todo el mundo: ¡soy sordo!”). Renunció a usar peluca y comenzó a vestirse todo de blanco (desde el chaleco hasta la corbata; tanto en invierno como en verano). Cuando alguna persona quería hablar con él, Beethoven no articulaba bien las palabras y optaba por emitir violentos sonidos chillones para alejarla. El falso rumor de que era sifilítico se extendió por las cortes vienesas. Desarrolló manías: coleccionar bibelots y cambiar de casa (en el mismo vez cambió cuatro veces). Aborrecía peinarse y a los 44 años (1814) su imagen era la de un anciano. Vagaba por los bosques a mitad de la noche. Trepaba álamos y bajo la luna, con las piernas enroscadas entre las ramas, cantaba a gritos antiguas melodías renanas. Si era incapaz de escuchar su propio sonido, ¿qué más le daba? “¿Cómo fueron los últimos años de Beethoven?” En 1815 murió el hermano de Beethoven: Caspar Carl (1815), quien estableció en su testamento: “A mi esposa Johanna y a mi hermano Ludwig les dejo la custodia de mi hijo Karl”. Karl tenía 9 años. Beethoven aborrecía a Johanna. Mandó espiarla. Documentó ante la corté que era agresiva, irresponsable, alcohólica y promiscua. Tras cuatro años de litigio (financiados con el dinero que le daba su música) ganó la custodia de su sobrino.  

Beethoven y Karl se instalaron en una casa llena de instrumentos. Se comunicaban por escrito, en cuadernos de conversaciones. Pero Karl odiaba a Beethoven. Él quería regresar al lado de su madre. Beethoven se negaba a dejarlo ir. Soportaba insultos y humillaciones. Anhelaba ser un buen padre para el hijo de su hermano: Brindarle protección, asegurarle calor, rodearlo de ideas libertarias (enciclopedistas franceses) y poéticas (Shakespeare)… y a través del amor darle confianza…  

El 29 de julio de 1826 Karl empeñó un reloj, compró una pistola y a lo alto de las ruinas Rauenstein se disparó en la cabeza. Un timorato disparo inexacto que le rozó la sien y lo dejó inconsciente a causa del pánico. Cuando despertó (la cabeza cubierta por una sangrante venda) dijo a la policía “lo hice para escapar de mi tío; ¡me tiene prisionero!”. “¿A qué suena la última música que escribió Beethoven?” La última música de Beethoven es indomeñable y destructiva. Compuso sin descanso cuartetos para cuerdas (seis, del 12 al 16, entre 1825 y 1827). Partituras desgarradas de la historia que desafían los pilares de la música occidental al despreciar la tonalidad. Los sonidos en vez de avanzar permanecen suspendidos. Están articulados fuera de tiempo (un siglo después, durante el primer cuarto del siglo XX, se descubrió que prefiguran vanguardias tan radicales como la microtonalidad…). Acordes etéreos, ritmos confusos y melodías sin movimiento que flotan y se desintegran. Música que existe en las fronteras de la consciencia y nada en ella puede ser comprendido… salvo su desolación, salvo su horror… salvo su grandeza.  

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