El mar galés se extiende detrás de Sir Bryn Terfel (Gales; 1965). Nos concede una entrevista desde su casa para hablar sobre su primer concierto en México. Sucederá el 27 de mayo a las 20 h en la Sala Nezahualcóyotl al lado de la Sinfónica de Minería bajo la batuta huésped de Roberto Kalb. Se trata, sin lugar a dudas, de uno de los acontecimientos musicales más importantes del siglo.
Incluso cuando habla, la voz de Sir Bryn Terfel es poderosa e hipnótica. Densa, oscura y clara. Es muy fácil imaginarlo cantando papeles de legendarios dioses en óperas wagnerianas (pensemos en Wotan) o siniestros villanos puccinianos (pensemos en Scarpia).
La acerada expresividad de su canto parece hecha para transmitir la grandeza de épicos miedos, misterios y traiciones que atraviesan la historia de la ópera. Pero extrañamente también es entrañable: en sus regiones agudas posee un matiz de calidez casi hogareña.
Por eso en el repertorio que cantará en México, Wagner y Puccini comparten créditos con teatro musical (como Si yo fuera pobre, de El violinista en el tejado) y, sobre todo, canciones tradicionales de su región natal (Danny Boy o Loch Lomond).
Sir Bryn Terfel, padre de cinco, ha construido una vida familiar en torno al mar de Gales cuyo poético influjo de misterio y calma, con sus fascinantes historias sobre navegantes, tripulaciones y aventura, todo lo cubre y todo lo abarca en su vida.
“La presencia del mar en mi país es muy importante en la forma en la que pensamos e incluso en la forma en que cantamos”, dice Sir Bryn Terfel al comenzar esta entrevista exclusiva en donde nos habla sobre herencia, desgaste, magia, futuro, transformación y esperanza.
La voz de Sir Bryn Terfel
¿Cómo ha evolucionado tu voz a lo largo de los años, tanto en lo sonoro como en lo emocional? Como bajo-barítono, pasar de personajes como Fígaro a Wotan indica cierto oscurecimiento de la voz, quizá una pérdida de agilidad a cambio de un mayor peso dramático. Pero, ¿qué sucede en la industria de la música? ¿Qué tan receptiva resulta ante los cambios naturales que experimenta una voz? Si un barítono queda muy ligado a ciertos papeles, ¿cuán sencillo es moverse hacia un repertorio vocalmente más denso? ¿Dirías que el medio es flexible o, más bien, rígido, incluso hostil? ¿Cómo se desarrolló esa transición en tu experiencia personal?
Sir Bryn Terfel: Mi voz comenzó con un color claro y juvenil. En la década inicial interpreté Mozart, Rossini y Britten. Fígaro y Guglielmo exigían ligereza, fraseo veloz y agudos firmes. Con los años aparecieron armónicos más oscuros. Sentí cómo el timbre descendía y ganaba amplitud. Para no perder elasticidad practico cada mañana escalas cortas y salto interválicos, igual que cuando era estudiante. Esa rutina conserva la agilidad necesaria para Wagner sin sacrificar densidad.
La industria acepta el cambio si el cantante lo anticipa. Los teatros planifican ciclos wagnerianos con cinco o diez años de adelanto. Algunos melómanos prefieren encasillarme en Mozart, pero las grabaciones y las críticas favorables desmontan sus dudas.
Escuché a veteranos como Hans Hotter y observé su estrategia. En cada paso reviso mi salud vocal con maestros de técnica. No hay atajos. La voz dicta la agenda y la carrera se adapta.
El medio puede parecer rígido, incluso temeroso. Sin embargo responde a la evidencia.. Si siento fatiga, descanso. Si percibo frescura, avanzo. Así la transición se volvió un diálogo entre la biología de mi instrumento y la visión artística que deseo ofrecer.
Hoy mi voz posee oscuridad, pero también ternura. Sonrío cuando recuerdo a Figaro, porque su vivacidad sigue viva en mi forma de contar historias. Esa mezcla define mi identidad actual y demuestra que la evolución no es pérdida, sino transformación.
Cuando la magia se rompe
La música es magia. La música es esperanza.
Cuando sucede, cubre todo con un hechizo místico.
Y luego … termina.
Regresas a la realidad y algo se quiebra en ese instante.
Imagino que para un cantante esa ruptura resulta aún más intensa.
¿Cómo es para ti descender de la música a la vida cotidiana?
¿Cómo logras no romperte en el proceso… o al menos, no demasiado?
Sir Bryn Terfel: El final de un concierto inolvidable trae un silencio que asusta. El aplauso cesa y la adrenalina se desvanece. Siento un vacío breve, casi metálico. Lo acepto como parte del oficio. Después busco tierra firme. Mi ancla es la familia. Tengo cinco hijos que me reciben sin ceremonias. Ellos no preguntan por agudos ni pianissimos; preguntan qué hay de cena o cuándo vamos a jugar futbol. Esa normalidad rompe el hechizo con suavidad.
Regresar a casa es determinante. Preparo desayuno, llevo a los pequeños a la escuela, arreglo un grifo que gotea. Esas tareas simples reordenan la mente. Me recuerdan que el arte vive, pero la vida manda. Juego tenis. El deporte oxigena los pulmones y libera tensión muscular.
También confío en rituales breves. Escucho el mar que rodea mi casa. El sonido me conecta con mi infancia en Gales y reduce la sobreexcitación. No niego la grieta que se abre al bajar del podio. La reconozco y la atravieso con pasos pequeños: familia, rutina, ejercicio, estudio. Así la magia no se rompe; se transforma en otra forma de esperanza que me acompaña hasta el próximo rol.
El repertorio de Sir Bryn Terfel
Uno de tus sellos artísticos es la capacidad que tienes de saltar entre mundos : de Wagner y Puccini al teatro musical y canciones folclóricas tradicionales. ¿Qué guía tus elecciones de repertorio? ¿Qué te impulsa a mezclar estilos tan distintos y cómo logras que esas transiciones tengan sentido artístico?
Sir Bryn Terfel: Elijo obras que cuentan historias poderosas. Me veo primero como narrador. Si la trama conmueve, acepto el reto. No pienso “soy cantante de ópera, debo decir no a un musical”. Pienso “¿puedo servir a este relato con mi voz y mi presencia?”.
La dicción decide todo. En Puccini busco la redondez del italiano; en Rodgers necesito claridad de consonantes en inglés. Debo lograr que cada palabra llegue al último asiento. El público me comprende y entonces la emoción fluye, sin importar el estilo.
Estudio cada partitura con la misma disciplina. Paso horas en mi estudio cantando fragmentos hasta que el texto vive dentro de mí. La clave es el trabajo constante y la humildad de saber que nunca es perfecto.
Mi timbre oscuro se adapta mejor a papeles dramáticos. Aprovecho ese color para crear autoridad en Wotan o Scarpia. En los musicales suavizo el filo del sonido y destaco la calidez. El contraste revela nuevas facetas. El público descubre que la misma voz puede asustar y consolar a la vez.
Intento ser buen colega. Escucho a los directores, respeto a mis compañeros y procuro llegar puntual a cada ensayo. Esa actitud facilita los saltos de género, porque la confianza mutua sostiene los experimentos.
Llevo veinte años de carrera y sé que el cuerpo y la voz envejecen. Quiero explorar estos mundos antes de que la voz me abandone. La variedad mantiene la curiosidad viva. Así las transiciones no son capricho, sino evolución natural de un contador de historias que aún busca nuevos caminos.
La tradición vocal galesa
Gales se llama con frecuencia “la tierra del canto”. El canto, en especial el coral masculino, ocupa un lugar central en su cultura. ¿Cómo moldeó esa tradición tus primeros pasos como artista? Y hoy, ¿qué papel conserva la música galesa en tu vida musical?
Sir Bryn Terfel: Crecí en un valle donde cada familia sostiene al menos un coro. Mi padre cantó bajo en el coro local y mi madre también. Ellos me llevaron a los ensayos desde que era niño. Oía cómo las voces se entrelazaban y sentía que el canto era tan natural. Aprendí esas canciones sin darme cuenta.
Durante la adolescencia seguí la tradición y aprendí canciones folclóricas como “Myfanwy” y “Ar Lan y Môr”. Hoy, con 59 años, la música galesa continúa en el centro de mi repertorio. Cierro muchos recitales con eso porque deseo que el público escuche mi raíz
En resumen, la música galesa me dio identidad, disciplina y propósito. Sigue viva cada vez que proyecto una nota grave o cuento una historia en cualquier lengua. Sin esa herencia, mi voz carecería de alma.
El Te Deum de Tosca: uno de los momentos más estremecedores de la ópera
El Te Deum es escalofriante: Scarpia planea abusar de Tosca mientras un himno sagrado se eleva detrás de él, y de pronto exclama: “Tosca, ¡haces que me olvide de Dios!”, justo antes de unirse a la procesión. ¿Cómo te preparas para algo tan complejo en lo emocional y lo moral? ¿Cómo te metes en un personaje que es devoto y depravado al mismo tiempo, y logras que esa tensión se sienta real para el público?
Sir Bryn Terfel: Empiezo leyendo el libreto lejos de la música. Necesito comprender cada palabra y cada silencio. Scarpia es un miembro del servicio secreto que usa la fe como arma. Analizo el momento histórico: Roma sitiada, poder corrupto, miedo colectivo. Esa atmósfera alimenta mi imaginación.
Luego estudio la partitura con lápiz. Identifico los compases en que debo cantar con la voz de un predador y los compases en que la piedad litúrgica manda. Esa alternancia crea la tensión.
La intensidad de este momento inigualable en la historia de la ópera lo comparo, por ejemplo, con Wotan en el segundo acto de Die Walküre o con el Méphistophélès en La condenación de Fausto de Berlioz. Y si te soy sincero para poder interpretar momentos tan intensos como éstos es por lo que me he vuelto cantante.
Y es lo que voy a hacer en mi primer concierto en México: cantar para estremecer.
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