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Sinfónica de Minería

“¡A seguir soñando!”; entrevista con Mario Iván Martínez

“¡A seguir soñando!”; entrevista con Mario Iván Martínez

Entrevistas
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Este sábado 13 de julio (11 h. en la Sala Nezahualcóyotl), la Sinfónica de Minería presenta su tradicional concierto familiar infantil bajo la batuta de Raúl Aquiles Delgado y la participación especial del actor, músico y escritor Mario Iván Martínez, cuyo trabajo artístico dirigido hacia las infancias ha sido reconocido en todo el mundo por su potencia imaginativa y eficacia para contar historias. 

Hablamos con él para que nos comparta las características principales de este concierto, cuyo nombre es Liebres, tortugas y bemoles y se compone por obras de los compositores Aaron Copland y Leroy Anderson.  

Para Iván Martínez, “ los conciertos familiares resultan trascendentes para soñar despiertos, con ellos debemos persistir e intentar vencer inercias poderosas, pues como dice la gran poetisa gallega Rosalía de Castro: No importa que los sueños sean mentira, ya que al cabo es la verdad, que es venturoso el que soñando muere, infeliz el que vive sin soñar”.  

Aquí les presentamos la conversación completa. 

 

Su arte ha triunfado en un campo particularmente complejo: cautivar a la imaginación infantil.  Desde una mirada externa, su trabajo  destaca por su autenticidad y capacidad de conectar directamente y estimular las fantasías de niñas y niños. Desde una mirada interna, ¿cómo es su proceso creativo? ¿De qué forma, desde su concepción adulta del mundo, logra crear mundos brillantes tan atractivos para audiencias infantiles (cuya complejidad para conquistarlas radica en que no hay límites en su capacidad de asombro)? 

Afirma el gran pedagogo Elíseo Diego: “resulta loable crear propuestas para niños, pero lo más relevante radica en que ellos las abracen por iniciativa propia”. Comulgo con esta idea. Por lo tanto, estimo que el proceso que se debe observar en la creación de proyectos para jóvenes debería encontrar aliento en una selección literaria y musical depurada para acariciar así con fortuna la sensibilidad del sector más importante de la sociedad que es la infancia. Nuestra labor se guía siempre por un espíritu lúdico, que al mismo tiempo abone a la formación cultural de las nuevas generaciones, sobre todo en estos tiempos de inmediatez y de apabullante oferta desechable.  

Como músico y actor me apasiona dar vida a clásicos del repertorio sinfónico familiar como Pedro y el lobo de Prokófiev, El carnaval de los animales de Saint-Saëns y La guía orquestal para jóvenes de Britten. Empero, al mismo tiempo y con un afán diversificador me he dado a la tarea de proponer nuevos programas en esta línea.  Dichos trabajos han sido alimentados por una amplia variedad de recursos imaginativos, musicales, teatrales y literarios. Entre ellos destacan El patito feo, El soldadito de plomo, La leyenda de los volcanes, El tragasueños, El pájaro Ku, Pulgarcito, El nuevo traje del emperador, entre muchos otros. Los  textos se arman con gran esmero sobre partituras pre-existentes o comisionadas con el propósito de que el espectador se enfrente con una nueva obra integral, coherente, cuya literatura y música pudiesen haber sido concebidas a la par.  

En su proyecto Liebres, tortugas y bemoles, ¿de qué manera su arte dialoga con obras musicales con elementos sonoros descriptivos tan concretos como un gato que baila vals o un caballo bronco danzando? Es decir, ¿hacia dónde le fue necesario extender o ampliar los elementos que las obras de Anderson y Copland ya presentan? 

En De liebres, tortugas y bemoles, fantasía zoológica musical fusiono meticulosamente una selección de obras del norteamericano Leroy Anderson con el clásico de Esopo, autor de probada destreza narrativa, La tortuga y la liebre. De igual manera se presenta una selección de trabajos de Copland y Anderson donde el tema zoológico es prevalente. A las piezas musicales aisladas les anteceden textos introductorios que abundan sobre la creación musical y las características de la criatura que inspiraron al compositor. La música así se tiñe de historia y lirismo cobijados por la temática animal. Juzgo que la propuesta es un híbrido afortunado con el que se satisface la necesidad del niño por la fantasía y a la vez se siembra en el oído del incipiente melómano, las más exquisitas propuestas musicales. A lo largo de este tiempo y a través de nuestras adaptaciones hemos compartido así con las más relevantes agrupaciones musicales del país la obra perenne de compositores como Mozart, Haydn, Stravinski, Chaikovski y Ravel, amén del trabajo que emana de la pluma de autores mexicanos como Eduardo Gamboa y Francisco Gabilondo Soler, por mencionar algunos. Estos programas en particular se elaboran siempre apostándole a la música en toda su diversidad y en la conciencia de que el periodo de atención de un niño se ve acotado con la edad. En consecuencia, el intérprete debe concebir su propuesta echando mano de todas las herramientas a su alcance para obtener la atención deseada, jugando siempre con el elemento sorpresa y evitando lo predecible. En la selección apostamos a la disciplina de escuchar y de escucharse, a desterrar lo condescendiente y desechable y los síntomas preocupantes que pueden caracterizar a la oferta concebida para las infancias: la aberrante violencia sin sentido y una preocupante ausencia de creatividad. Aquí consideramos el poderío de una buena partitura  y un texto igualmente sólido, de descriptiva prosa, los cuales, unidos, traspasen la convención.

Concretamente en La tortuga y la liebre existe una capa extra de complejidad: la fábula de Esopo y por lo tanto construir una narrativa a través de diversos movimientos internos que, a la usanza de un drama clásico, presentan elementos dramáticos como construcción de personajes, contrastes anímicos y tensiones estructurales para liberar todo en una moraleja. ¿Podría compartirnos un poco de su proceso para armar este proyecto?  

El maridaje feliz se concibe después de puntualizar cuidadosamente el texto sobre la partitura. La música complementa la historia y viceversa. Se trata de propiciar un conversatorio constante entre texto y música. La narrativa evita la anarquía al ser pautada matemáticamente sobre los compases de una obra cuyo carácter y dinámica resultan pertinentes a la acción. Por ende, los músicos trabajan con certidumbre al saber que la narración observará congruencia y puntualidad previsibles. De esta forma ninguna disciplina es preponderante; la palabra, la prosodia, la escenificación y la retórica resultan tan trascendentes como lo musical. El entero apuesta a la prodigiosa capacidad de asombro de la infancia, a detonar la imaginación sin sobre-ilustrar, a lograrlo principalmente con la palabra, la música y la gestualidad.   

Sobre su colaboración con la Sinfónica de Minería, ¿cómo ha sido la interacción?, ¿qué tanto ha podido dialogar con Raúl Aquiles Delgado para preparar el concierto de cara a su estreno?  

El maestro Raúl Aquiles Delgado se distingue por poseer y aquilatar su espíritu de niño y por lo tanto se ha mostrado receptivo a las propuestas lúdicas y escénicas. Raúl es en todo momento un cómplice y tiende puentes con una mirada común: aquella del cuentacuentos y del trovador, amén de la que proviene del músico en el podium. En todo momento Raúl me  brinda aliento y cauce. Realizamos un proceso previo a los ensayos donde los cortes, las fermatas, la dinámica  y el espíritu del entero han sido pactados en feliz consenso. Esto resulta esencial para que eventualmente la orquesta se enfrente a un dueto sólido de capitanes. Ningún aspecto del proceso se soslaya y resulta notoria la manera en que los músicos se muestran siempre dispuestos a ser parte del juego y de la escenificación, ya sea aportando textos  complementarios, improvisaciones y efectos musicales a manera de bocadillos que impulsan y subrayan la acción o simplemente lo hacen al colocarse orejas de felino durante el vals del gato. De esta forma narrador y orquesta nunca se divorcian: son un mismo ente en comunión.   

¿Qué tan musical es su imaginación? Como escritor y creador de historias, ¿piensa continuamente en sonidos (por ejemplo en las características de las voces de sus personajes)? 

Mi padre, Mario Iván Martínez Ortega, fue un reconocido comunicólogo y amante de la música. A su lado crecimos exhortados a escuchar, a darle tiempo a las propuestas musicales, a evitarlas como ruido de fondo.  Más adelante en mi juventud fui miembro de diversas agrupaciones corales en Inglaterra y en nuestro país, como el grupo Ars Nova y el Coro Convivium Musicum. Asimismo grabé un disco sobre música isabelina inglesa como tenor solista al lado del fallecido maestro, el doctor Antonio Corona. En consecuencia, mi oficio de actor encuentra un asidero trascendente y complementario en la música. La conciencia sobre tesituras, tempo y dinámica que la capacitación vocal e instrumental te ofrecen resultan determinantes al enfrentar una multiplicidad de personajes. En la propuesta que nos ocupa, por ejemplo, la voz de la ardilla se mantiene en el registro de la mezzo, con múltiples agudos y armónicos, la liebre es un tenor nasal con seseo notorio, la voz de la tortuga corresponde a la de un barítono con poco resonador y de airosa proyección. Esta conciencia puntual de rango permite que el niño identifique con claridad la personificación que se propone. Naturalmente mi formación musical contribuye por añadidura al proceso de selección y lectura de las partituras, a hablar el mismo idioma que los maestros de la orquesta, lo cual agiliza el proceso creativo.  

¿Qué papel considera que juega la música en las infancias? 

Dicen que la música empieza cuando las palabras del hombre ya no son suficientes y concuerdo con este pensamiento. Es lamentable, por tanto, que la formación musical en las escuelas públicas se haya visto  relegada. La disciplina se observa abandonada y huérfana de las políticas de estado. ¡Se trata del arte más abstracto y poderoso que el hombre ha creado! Un arte único que contribuye positivamente al desarrollo del lenguaje cognitivo y social en los jóvenes. Gabilondo Soler, Cri-Cri, lo sabía . Por ende su vasta producción nos relega la prosodia, las formas y los estilos musicales más diversos. Sin darnos cuenta nos puso en contacto con sabiduría y fundamento con todos los ritmos musicales posibles, siempre engarzados con la más prodigiosa creatividad e imaginación, con espíritu crítico y lúdico, con inspiración melódica sin parangón. Leroy Anderson, el autor principal nos ocupa en el concierto, desarrolló algo muy similar con los jóvenes de su tiempo, por ello es uno de lo máximos creadores norteamericanos de la música orquestal ligera. Muchas de sus obras, juguetonas y melodiosas, introdujeron por vez primera a las nuevas generaciones al gran repertorio de la música sinfónica. Hoy, en el delirio cibernético en que vivimos, nos faltan divulgadores así de competentes. Por lo tanto,  los conciertos familiares  resultan trascendentes para soñar despiertos, con ellos debemos persistir e intentar vencer inercias poderosas, pues como dice la gran poetisa gallega Rosalía de Castro: No importa que los sueños sean mentira, ya que al cabo es la verdad, que es venturoso el que soñando muere, infeliz el que vive sin soñar.  

Así, pues, a seguir soñando… 

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