Sinfónica de Minería

Debussy y su hipnótico mar sonoro

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“Debussy y su hipnótico mar sonoro”

Por HRJ

 

Hoy, 8 de junio, se celebra el Día del Océano y la música debe llenarse de mar.  

“El mar, el mar, dentro de mí lo siento. Ya sólo de pensar en él, tan mío, tiene un sabor a sal mi pensamiento”, escribió el poeta tabasqueño José Gorostiza (1901-1973).  

A manera de homenaje ofrecemos un acercamiento a una obra maestra inspirada en mundos oceánicos: 

El poema sinfónico El mar de Claude Debussy (1862-1918), en donde la música está al servicio de la luz.

  

 

De hecho, más adelante en esa misma carta se confiesa más cercano al bosque que a las olas: 

“Los árboles son buenos amigos míos, mejores que el mar, que se agita, salta sobre la tierra y muerde las rocas con cóleras de jovencita, curiosas en una persona de su importancia. En rigor, se comprendería mejor que sacudiese a los barcos como a gusanos molestos. Los árboles, menos caprichosos, se renuevan a pesar de los siglos. ¿No es ésta la más hermosa lección de filosofía? Podrían seguirla los humanos, si fueran más pacientes y, sobre todo, si no fueran tan ávidos”. 

Debussy compuso El mar  sobre todo por las noches y rodeado de tonalidades verdes: paredes verde botella, alfombra verde claro, muebles verde azulado y vestido con una chaqueta verde aceituna.  

Esta obsesión con el color resulta trascendente para explicar El mar, obra maestra del llamado Impresionismo musical, cuya estética tiene un marcado influjo pictórico.  

“¿Por qué El mar de Debussy se considera música impresionista?”

Los pintores impresionistas buscaban nuevas formas de balance y belleza a través de la experimentación con la luz. Debussy consideraba que la música podía hacer eso de una manera más plena e intensa que la pintura, como lo demuestra este fragmento de una carta que le escribió a su hijastro Raoul Bardac: 

“Esto puede ser posible gracias a la ventaja que tiene la música sobre la pintura, en el sentido en que puede mostrar a la vez todos los cambios de luz y color”.

En una primera audición es posible recrear en los acontecimientos sonoros las imágenes que producen las palabras.   

¿Cómo transcurren los humores de la mañana en el mar?, ¿de qué manera cambian conforme el tiempo avanza?, ¿a qué suena el agua durante las primeras claridades y cómo van ocurriendo sus transformaciones mientras el sol por el cielo escala? ¿Los juegos de las olas son suaves, asimétricos, constantes? ¿Antes de disolverse en la orilla en sus lúdicas interacciones intervienen otras presencias, como conchas, arena o pequeñas piedras? ¿Qué le dice el viento al mar y el mar qué le responde? ¿Su diálogo transita por etapas diversas, a veces es armónico y otras violento?   

Pero El mar va más allá de cualquier narración. Su vocación no es hacia un programa literario, sino hacia el color. Así que la segunda audición puede profundizar: dejar de atender a la actividad o al movimiento y centrar la atención en los matices y las suavidades, en las sutiles variaciones de luz, sombras y reflejos, al mundo quieto de la luz, a la polifonía de las partículas cromáticas que cambian, colisionan y desaparecen sin hacer ruido.  

“¿Y cómo consigue Debussy que su música sirva a la luz?”

Sobre los sorprendentes procedimientos compositivos que Debussy utiliza en El mar, el compositor mexicano Mario Lavista (1943-2021) explica en su ensayo “El mar cumple 100 años” (publicado el 30 de noviembre de 2005 en la revista Letras libres): 

“(…) en Debussy los acordes casi nunca se encadenan obedeciendo a la retórica tradicional, los suyos son acordes ingrávidos que, valga la expresión, flotan sobre las aguas, sin ninguna necesidad de causa y efecto que los obligue a ir a un determinado lugar: son acordes que vagan libremente (…) la manera como Debussy maneja sus temas lo acerca al modo de operar de Claude Monet cuando pinta, a través de varios cuadros, la cambiante luz que incide sobre una catedral a diferentes horas del día. En Del alba al mediodía en el mar, los cornos enuncian el mismo tema, el mismo objeto sonoro, sin cambio alguno en su fisonomía. Lo que varía en cada una de sus apariciones es la orquestación; es decir, las sutiles gradaciones del color y de la luz que lo rodean e iluminan. En su invariabilidad y unicidad, el tema cantado por los cornos cambia de rostro gracias a las diferentes e inusuales combinaciones orquestales de luz y sombra que inciden sobre él: es el color el que modifica su apariencia. De ahí que la música del primer movimiento transite, a través de evanescencias y luminosidades, de una casi imperceptible bruma sonora al metálico estallido del sol, o que en Juego de olas escuchemos las más delicadas y exactas progresiones de color, de brillos, de reflejos, de una ola en movimiento. Debussy capta, por medio de finas e infalibles pinceladas, el claroscuro de este mar siempre cambiante.”

“¿Qué otras obras musicales inspiradas en el mar puedo escuchar?”

Te recomendamos dos: 

 

  1. Una sinfonía del mar (1909 y revisada en 1923) para soprano, barítono, coro y orquesta de Ralph Vaughan Williams (1872-2958), basada en el poemario Hojas de hierba de Walt Whitman, en donde el océano adquiere una palpitante dimensión mística.
  2. Poema del amor y del mar (1890) para voz y orquesta de Ernest Chausson (1855-1899), basada en dos poemas de Mauricio Bouchor que narran cómo un hombre se enamora de una mujer al lado del mar. Al año siguiente él regresa a la misma playa para descubrir que ella lo ha olvidado.  

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