Una gala para decirte ¡gracias!: con la Missa solemnis cerramos la temporada
Hay temporadas que se recuerdan por una obra, por un solista, por un estreno o por una noche especialmente emocionante. Pero ninguna temporada sería posible sin ti: que decides estar ahí para escuchar.
Durante 48 años, el público de la Sinfónica de Minería ha convertido el verano en una tradición musical de la Ciudad de México. Hay quienes nos acompañan desde las primeras temporadas, quienes heredaron esta tradición de sus padres y ahora vienen con sus hijas e hijos, quienes hicieron amistades ennuestras salas y quienes este verano se sentaron por primera vez frente a una orquesta sinfónica.
Cada una de esas experiencias forma parte esencial de nuestra historia como orquesta.
Este 2026, además, vivimos una temporada diferente. La remodelación de la Sala Nezahualcóyotl nos llevó temporalmente a otros escenarios emblemáticos de la ciudad: la Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli y la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.
Pero tú estuviste ahí y eso hizo que, a pesar del cambio de sede, siguiéramos sintiéndonos en casa.
Por eso queremos decirte ¡gracias! con una gala de clausura dedicada a una de las obras más profundas y monumentales de Beethoven: la Misa en re mayor, Op. 123, Missa solemnis.
Se presentará el viernes 28 de agosto a las 20 h, sábado 29 de agosto a las 20 h y domingo 30 de agosto a las 12 h en la Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli, con Jennifer Rowley, soprano; Guadalupe Paz, mezzosoprano; Kameron Lopreore, tenor; Harold Wilson, bajo, y el Coro de la Sinfónica de Minería, bajo la dirección de Samuel Pascoe. Todos bajo la batuta de Carlos Miguel Prieto, nuestro director artístico.
Una temporada que comenzó lejos de casa
La historia de este 2026 comenzó antes del verano y lejos de casa.
En enero, la Sinfónica de Minería debutó en el Orchestra Hall de Chicago —presentada por la propia Chicago Symphony Orchestra— como parte de una gira de diez conciertos por nueve ciudades y seis estados de Estados Unidos.
Meses más tarde regresamos a casa para la Temporada de verano. A lo largo de ocho programas recorrimos universos musicales muy distintos. Abrimos con Don Juan de Richard Strauss, Distant Light de Pēteris Vasks y la Quinta sinfonía de Prokófiev. Volvimos a Brahms, Chaikovski, Elgar, Beethoven, Mahler, Schubert, Mozart y Haydn. Llegamos al virtuosismo del Tercer concierto para piano de Rajmáninov y al mundo teatral de Petrushka de Stravinski.
También escuchamos música escrita desde nuestro tiempo y nuestra región. Altar de viento, de Gabriela Ortiz, convirtió el aire en materia musical. Trajín, de Alejandra Odgers, transformó tensión y movimiento en agitación sonora. Y presentamos el estreno mundial del Concierto para violonchelo y orquestadel joven compositor colombiano Ludsen Martinus.
Recibimos a grandes artistas invitados, exploramos repertorios conocidos desde nuevas perspectivas y compartimos la experiencia irrepetible de ofrecer música para unir, inspirar y transformar vidas.
La obra que elegimos para cerrar
Nuestra Temporada de verano 2026 termina con la Missa solemnis.
Beethoven escribió algunas de las páginas más célebres de la historia de la música, pero su producción estrictamente sacra es sorprendentemente reducida. En su catálogo destacan dos grandes misas: la Misa en do mayor, Op. 86, y la Missa solemnis, perteneciente a su última etapa creativa. Si quieresconocer más sobre su vida, su lenguaje y la transformación que provocó en la música occidental, puedes consultar nuestro artículo Quién fue Beethoven: el genio que revolucionó la música.
El origen de la Missa solemnis fue una celebración concreta. El archiduque Rodolfo de Austria, alumno de Beethoven y uno de sus patronos más importantes, había sido nombrado arzobispo de Olmütz. Beethoven decidió escribir una gran misa para acompañar las ceremonias de su instalación y queríaterminarla para aquella ocasión.
Pero la música comenzó a crecer. Beethoven trabajó en la partitura entre 1819 y comienzos de 1823. La fecha de la ceremonia pasó y la obra siguió expandiéndose mientras el compositor regresaba una y otra vez a ella. El archivo del Beethoven-Haus Bonn documenta tanto ese vínculo con Rodolfo como el largo proceso de composición de la misa.
Cuando finalmente estuvo terminada, aquello que había comenzado como música destinada a una ceremonia específica se había transformado en algo mucho mayor. Beethoven era consciente incluso de que sus dimensiones desbordaban el ámbito litúrgico: llegó a señalar que la obra podía interpretarsetambién como oratorio.
Cinco grandes partes para una misma búsqueda
El ordinario de la misa se articula en cinco grandes partes: Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei. En la obra de Beethoven, el Benedictus, que forma parte del Sanctus, adquiere tal importancia que suele aparecer identificado por separado en el programa:
- Kyrie
- Gloria
- Credo
- Sanctus
- Benedictus
- Agnus Dei
Beethoven utiliza esta estructura tradicional para construir un recorrido de enorme amplitud. Hay momentos en que la música se concentra y parece mirar hacia dentro; en otros, coro y orquesta alcanzan dimensiones monumentales. Celebración, tensión, recogimiento y esperanza se suceden dentro de unamisma arquitectura.
Uno de los aspectos más fascinantes de la obra está en la relación entre música y palabra. Beethoven no trata el texto únicamente como algo que debe ser cantado: intenta convertir sus ideas en sonido.
En el final del Credo, por ejemplo, las voces desarrollan complejas líneas que parecen ascender y descender mientras el texto habla de la resurrección y de la vida eterna. Una idea abstracta adquiere así una dimensión casi física a través de la música.
Esa intensidad atraviesa toda la Missa solemnis y explica también por qué es una de las obras más exigentes del repertorio sinfónico-coral. La escritura pone a prueba a la orquesta, a las voces solistas y especialmente al coro, que debe responder a grandes contrastes, amplios registros y una escrituracontrapuntística de enorme complejidad. Las notas de la Boston Symphony Orchestra sobre la obra permiten explorar con mayor detalle tanto su historia como las fuerzas vocales e instrumentales que Beethoven imaginó.
Para esta clausura, el Coro de la Sinfónica de Minería ocupará un lugar central junto a la orquesta: muchas voces distintas tendrán que respirar, escuchar y avanzar juntas.
Beethoven, la Missa solemnis y la Novena
Hay además un momento extraordinario en la historia de esta obra.
La Missa solemnis tuvo su primera interpretación completa en San Petersburgo en abril de 1824. Apenas unas semanas después, el 7 de mayo, Beethoven asistió en Viena a uno de los conciertos más importantes de su vida.
Aquella noche, el público escuchó la obertura La consagración de la casa, tres secciones de la Missa solemnis —Kyrie, Credo y Agnus Dei— y el estreno de la Sinfonía núm. 9.
En una misma velada quedaron reunidas dos de las obras monumentales de su última etapa creativa. La Los Angeles Philharmonic recoge esta cercanía histórica entre ambas partituras y señala que Beethoven nunca llegó a escuchar una interpretación completa de la Missa solemnis.
Gracias, gracias, gracias
La Missa solemnis será la última música de nuestra Temporada de verano 2026. Será también una celebración de estos 48 años y de la comunidad que los ha hecho posibles.
Gracias por volver a encontrarte con nosotros este verano.
Te esperamos el viernes 28 y sábado 29 de agosto a las 20 h, y el domingo 30 de agosto a las 12 h en la Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli, para despedir juntos una temporada que, como la propia música, sólo existe plenamente cuando se comparte.