Pedro y el lobo de Serguéi Prokófiev es una hermosa actividad que comparto con mi hija.
Una vez por semana, antes de su hora del baño, lo ponemos en versión ballet.
Muy quieta en su silla, espera la llegada del sonido con una sonrisa.
Es la expectación y es la alegría.
Una rutina que estimula su imaginación y motricidad.
Que nos permite estar unidos, cómplices, en silencio.
Un cuento narrado por una orquesta sinfónica.
Pedro y el lobo es la obra perfecta para descubrir la profundidad psicológica y el poder místico de la música.
También es un acercamiento infantil hacia lo inexplicable.
Pedro y el lobo de Prokófiev: ¿a qué suena?
“Tú eres Pedro y yo soy la gata”, dice mi hija.
Eso quiere decir que somos también sonidos.
Que somos también emociones y destino.
Porque los personajes están representados por instrumentos.
Entonces siempre son algo más.
Están ahí.
Se mueven en el escenario.
Interactúan.
Hacen cosas.
Al mismo tiempo, también son música.
Y ahí, en su simultánea existencia sonora, su vida es otra.
Una existencia invisible y sensorial.
Se alegran.
Tienen miedo.
Experimentan sueños secretos.
Los personajes de Pedro y el lobo y sus asociaciones con instrumentos
Pedro: cuerdas (violines, violas, chelos y contrabajos).
Introduce el tema principal.
Es alegre, intrépido y valiente.
Se asocia con la gata para atrapar al lobo.
Gata: clarinete
Comparte el tema principal con Pedro.
Entonces sucede una duplicidad que desemboca en la diferencia.
Al cambiar de instrumento. cambia de aspecto.
Lo alegre se vuelve elegante.
La intrepidez, misterio.
La valentía, ingenio.
Digamos que la gata es misteriosa, ingeniosa y elegante.
Pajarito: flauta
La flauta tiene el don de transmitir la idea de alas.
El pajarito va y viene.
Siempre.
Del hombro de Pedro a la rama previniendo las garras de la gata.
Entre el juego y la precaución.
Su tema es etéreo, grácil y ligero.
Pato: oboe
El pato tiene miedo.
Camina lento, con la cabeza gacha.
Le teme a la gata y, sobre todo, al lobo.
La lentitud de su vuelo le da desconfianza.
Es inseguro y le encanta el agua.
Su tema es triste, profundamente nostálgico.
El abuelo, fagot
Está enojado.
Pedro lo desobedeció: salió de la casa.
Su tema es grave y chusco, se debate entre la ansiedad y la comedia.
El lobo dentro de su vida es un miedo abstracto.
De cierta manera que aún no descubre, su nieto representa los más elevados valores de su familia:
Valentía, lealtad y empatía.
El lobo, tres cornos
Un tema lúgubre, siniestro, ominoso.
La encarnación del terror.
Cuando sucede lo peor.
Y entonces, también, se abre la posibilidad de lo extraordinario.
Cazadores, timbales
Rápidos, ágiles, ruidosos.
Para el abuelo y el pajarito, representan alivio.
Para la gata y Pedro, apoyo estratégico.
Los acompañan perros.
Su aparición es anunciada por una fanfarria en las trompetas.
Serguéi Prokófiev: su vida al escribir Pedro y el lobo
Prokófiev entró en trance.
Escribió Pedro y el lobo en cuatro días,
Se la encargó el Teatro Central de Cultura Infantil de Moscú.
Tenía 45 años.
Era 1936.
Acababa de regresar a Rusia tras años de vivir en Francia.
Una obra para acercar a la infancia hacia los instrumentos era el tipo de música “utilitaria” que el régimen adoraba.
Además, tenía que mejorar su imagen.
Su Cantata para el XX aniversario de la revolución de octubre había sido rechazada por los funcionarios culturales, quienes la consideraron demasiado experimental.
Prokófiev estaba inmerso en dos proyectos inmensos:
Su ópera El jugador y su ballet Romeo y Julieta.
Pedro y el lobo fue un remanso en su vida.
Lo unió con sus dos hijos.
Les preguntaba acerca de lo que imaginaban mientras escribía.
Quizá por eso su versión del cuento es suave y delicada.
Desvanece el trágico final.
El pato no muere.
Un estornudo del lobo lo regresa al mundo.
Pedro y el lobo: un cuento en música familiar
Cuando suena el clarinete, mi hija baila.
Mira, papá, soy la gata.
Asume la agilidad y elegancia.
Si suenan las cuerdas, se queda quieta.
Te toca Pedro: ¡baila!
A mi torpe manera pesada, hago mi mayor esfuerzo para transmitir una alegre intrepidez.
Y cuando Pedro y el lobo termina, significa que ha llegado el tiempo del agua.
Así como el pato, papá.
Se ha hecho de noche.
En la tina, cambia de instrumento la voz de mi hija.
Se baña tarareando el tema del oboe.
Distorsiona la intención:
Convierte en júbilo lo triste.
Y se mete a la cama con la imaginación llena de sueños musicales.
Autor:
Hugo Roca Joglar (1986) es un escritor mexicano que todo el tiempo habla sobre música. La obra que le valió el Premio Nacional Bellas Artes de Novela José Rubén Romero 2021 (Puedo ver el futuro: hay un asesinato) está llena de exploraciones sonoras y la crónica con la que ganó el Premio Nacional de Periodismo 2014 (Lo que me dice el amor) hace sonar la Sinfonía número 3 de Gustav Mahler en una cantina de Irapuato.