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Sinfónica de Minería

Beethoven y Mahler: del golpe del timbal a una visión del cieloBeethoven y Mahler: del golpe del timbal a una visión del cielo

Beethoven y Mahler: del golpe del timbal a una visión del cieloBeethoven y Mahler: del golpe del timbal a una visión del cielo

Temporada de verano 2026
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La Temporada de verano 2026 de la Sinfónica de Minería llega a su quinto programa con dos obras emblemáticas de la música sinfónica: el Concierto para violín de Ludwig van Beethoven y la Sinfonía núm. 4 de Gustav Mahler. 

El Programa 5 se presentará el sábado 1 de agosto a las 20 h en la Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli, y el domingo 2 de agosto a las 17 h en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes. 

Carlos Miguel Prieto, director artístico, estará al frente de la orquesta, con Augustin Hadelich como solista en el concierto de Beethoven y Anabel de la Mora en la parte vocal de la sinfonía de Mahler. 

Beethoven abre el programa con cinco golpes de timbal y construye, a partir de ese misterioso gesto, uno de los diálogos entre el violín y la orquesta más brillantes de la historia. Mahler cierra el concierto con cascabeles, danzas, una imagen de quietud inspirada en figuras de mármol y la voz de una soprano que describe los placeres del cielo. 

Estas son algunas claves para disfrutar más cada momento del programa. 

Concierto para violín y orquesta, de Ludwig van Beethoven: cinco golpes que abren el mundoConcierto para violín y orquesta, de Ludwig van Beethoven: cinco golpes que abren el mundo 

Beethoven compuso su único concierto para violín en 1806, a los 36 años. La obra fue escrita para un programa a beneficio de Franz Clement, violinista, compositor y director del Theater an der Wien. 

Clement era una figura destacada de la vida musical vienesa, pero la relación entre ambos había comenzado mucho antes. En 1794, cuando el violinista tenía apenas 14 años, Beethoven le escribió una carta para animarlo a continuar por el camino artístico que había emprendido. En ella afirmaba que “la naturaleza y el arte” se conjugaban en el joven intérprete. 

Doce años después, aquel adolescente prodigio sería el encargado de estrenar una de las obras más importantes del repertorio para violín. 

Para conocer más sobre la vida, el lenguaje musical y la influencia del compositor, puedes consultar nuestro artículo sobre quién fue Beethoven y cómo revolucionó la música. 

La obra comienza de manera inesperada: el timbal toca cinco veces antes de que aparezca el gran discurso orquestal. Ese motivo rítmico, discreto pero insistente, vuelve a lo largo del primer movimiento y sirve como punto de partida para una arquitectura de gran amplitud. 

El violín no entra con una demostración inmediata de fuerza. Su primera intervención es serena, casi suspendida, y desde ahí comienza un diálogo en el que el virtuosismo está al servicio de la expresión. 

La obra se compone de tres movimientos: 

  • Allegro ma non troppo 
  • Larghetto 
  • Rondo: Allegro 

El estreno se realizó el 23 de diciembre de 1806 y el concierto fue interpretado en dos partes. Entre el primer movimiento y los dos restantes, Clement tocó varias piezas de virtuosismo, incluida una obra sobre una sola cuerda, con el violín colocado de cabeza. 

La historia de la partitura tuvo, además, un giro inesperado. Al año siguiente, el pianista y editor Muzio Clementi propuso a Beethoven realizar una versión para piano y orquesta. El compositor aceptó, por lo que actualmente existen dos versiones de la obra. 

El archivo del Beethoven-Haus Bonn conserva información, manuscritos y ejemplos musicales del Concierto Op. 61, incluida su poco interpretada adaptación para piano. La institución documenta que esta versión fue promovida por Muzio Clementi y preparada por Beethoven en 1807. 

Aunque la adaptación pianística conserva buena parte de la grandeza de la obra, el original continúa siendo una de las cumbres del repertorio para violín. 

Augustin Hadelich: el solista invitadoAugustin Hadelich: el solista invitado 

Augustin Hadelich es reconocido por la combinación de precisión técnica, profundidad interpretativa y riqueza sonora que lo ha llevado a presentarse con algunas de las principales orquestas del mundo. 

Nació en Italia, de padres alemanes, y estudió con Joel Smirnoff en la Escuela Juilliard de Nueva York. Ha sido solista de agrupaciones como la Filarmónica de Berlín, la Orchestre National de France y la Orquesta Filarmónica de Londres. 

Entre sus principales reconocimientos se encuentran el primer lugar en el Concurso Internacional de Violín de Indianápolis en 2006, la beca del Borletti-Buitoni Trust en 2011 y el título de Instrumentista del año 2018, otorgado por la revista Musical America. 

Su discografía incluye una grabación ganadora del Grammy del Concierto para violín de Henri Dutilleux con la Orquesta Sinfónica de Seattle, además de álbumes dedicados a Paganini, Brahms, Ligeti, Sarasate, Tárrega, Prokófiev y Britten. 

Su instrumento es un violín Leduc, ex Szeryng, construido en 1744 por Giuseppe Guarneri del Gesù. 

Sinfonía núm. 4, de Gustav Mahler: la inocencia frente a un mundo inquietanteSinfonía núm. 4, de Gustav Mahler: la inocencia frente a un mundo inquietante 

La Cuarta suele describirse (de forma imprecisa) como la sinfonía más ligera o accesible de Mahler. Es más breve y utiliza una orquesta menos pesada que otras obras del compositor: reduce la sección de metales y prescinde de trombones y tubas. 

Sin embargo, detrás de esa transparencia hay una música llena de cambios de perspectiva, ironía, misterio y preguntas espirituales. 

Para conocer mejor el género, su historia y la función de sus movimientos, puedes consultar nuestra guía sobre qué es una sinfonía. 

La obra ocupa un lugar decisivo dentro de la producción de Mahler. Las sinfonías Segunda, Tercera y Cuarta forman una trilogía vinculada con Des Knaben Wunderhorn, conocida en español como El cuerno mágico del doncel, una antología de poesía popular alemana que alimentó varias de sus composiciones. 

Por esta razón, las tres suelen conocerse como las sinfonías Wunderhorn. 

La Cuarta cierra ese ciclo y funciona también como un punto de transición. Después de ella, Mahler se concentró en una nueva trilogía formada por las sinfonías Quinta, Sexta y Séptima, obras puramente instrumentales, de mayor densidad y con atmósferas más oscuras. 

Este contraste entre tragedia, espiritualidad e inocencia aparece a lo largo de su producción. Puedes profundizar en él en nuestro artículo Mahler, el sentido trágico y la alegría infantil. 

El origen de la Cuarta se encuentra en una canción que Mahler había compuesto en 1892 a partir de uno de los poemas de El cuerno mágico del doncel. El texto presenta una visión infantil de la vida celestial, con jardines, música, alimentos y celebraciones preparadas en el cielo. 

Mahler pensó primero incorporar la canción a su Tercera sinfonía, pero finalmente la reservó para convertirla en el último movimiento de la Cuarta. 

Los tres movimientos instrumentales fueron compuestos entre 1899 y 1900 para conducir hacia ese final vocal. La sinfonía se estrenó el 25 de noviembre de 1901 en Múnich, dirigida por el propio Mahler. 

La reacción inicial del público fue hostil, y el compositor llegó a referirse a la obra como “mi hijastra perseguida”. Como ocurre con alarmante frecuencia en la historia del arte, aquello que desconcierta primero suele terminar considerado indispensable. 

La Internationale Gustav Mahler Gesellschaft conserva partituras y materiales históricos de la Cuarta sinfonía, incluidas partes impresas con anotaciones realizadas por el propio compositor y revisiones posteriores. 

La sinfonía tiene cuatro movimientos: 

  • Bedächtig, nicht eilen — Contemplativo, sin apurar 
  • In gemächlicher Bewegung, ohne Hast — En movimiento cómodo, sin prisa 
  • Ruhevoll, poco adagio — Tranquilo, poco adagio 
  • Sehr behaglich — Muy cómodo 

Claves para escuchar la Sinfonía núm. 4Claves para escuchar la Sinfonía núm. 4 

  1. Los cascabeles del inicio. El primer movimiento abre con flautas y cascabeles. Su aparente ligereza convive con cambios repentinos de carácter que impiden que la música sea completamente inocente. 
  2. El violín fantasmal. El segundo movimiento retoma el Ländler, una danza campesina austríaca. El concertino toca algunos pasajes con el violín afinado un tono más alto, lo que produce un color extraño, brillante y casi sobrenatural. 
  3. Las figuras de mármol. El tercer movimiento es uno de los espacios más tranquilos y transparentes de Mahler. Cuando el director Bruno Walter le preguntó cuál había sido la inspiración para esa profunda quietud, Mahler respondió que había imaginado un sepulcro en una iglesia, con figuras de mármolinmóviles, los brazos cruzados y en eterna paz. La música parece contemplar esa imagen hasta abrirse, poco a poco, hacia una visión luminosa de enorme intensidad. 
  4. La voz del cielo. En el movimiento final, la soprano canta una descripción directa de los placeres celestiales. El tema de flautas y cascabeles regresa para dividir la canción en distintos episodios y unir el final con el comienzo de la sinfonía. 

Anabel de la Mora: la voz del movimiento finalAnabel de la Mora: la voz del movimiento final 

La soprano mexicana Anabel de la Mora ha sido solista de agrupaciones como la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, la Sinfónica Juvenil Universitaria, la Filarmónica de Jalisco y la Sinfónica del Estado de México. 

Su repertorio incluye ópera, cantata y música sinfónica, entre ellas la propia Sinfonía núm. 4 de Mahler. Ha interpretado personajes como Eurídice en Orfeo y Eurídice, Gilda en Rigoletto, Adela en El murciélago y Adina en El elíxir de amor. 

Debutó internacionalmente en el Teatro Sucre de Quito como la Reina de la Noche en La flauta mágica de Mozart. 

Entre sus reconocimientos se encuentran primeros lugares en los concursos Irma González y Carlo Morelli, el tercer lugar en el Concurso Sonora Internacional Francisco Araiza y haber sido semifinalista del Concurso Internacional Operalia. 

Del golpe del timbal a la canción celestial 

El Programa 5 reúne dos obras que alcanzan una gran profundidad sin recurrir al exceso. 

Beethoven parte de un motivo mínimo para construir un concierto de nobleza, lirismo y movimiento. Mahler utiliza una orquesta transparente para cerrar su ciclo de sinfonías Wunderhorn y conducirnos desde una escena aparentemente cotidiana hasta una visión serena del cielo. 

Con Carlos Miguel Prieto en la dirección, Augustin Hadelich en el violín y Anabel de la Mora como soprano, la Sinfónica de Minería presenta un recorrido que va de la energía contenida al asombro, y del diálogo instrumental a la palabra cantada. 

Te esperamos el sábado 1 de agosto a las 20 h en el Centro Cultural Ollin Yoliztli y el domingo 2 de agosto a las 17 h en el Palacio de Bellas Artes para escuchar cómo cinco golpes de timbal pueden abrir el camino hacia una canción celestial. 

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Próximos conciertos
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Gala de Clausura | Domingo
Sinfónica
Centro Cultural Ollin Yoliztli
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Teatro Angel y Tere Losada | Centro Cultural Mexiquense Anahuac
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Pops
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lunes
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Music of Elton John and Billy Joel
Pops
Auditorio Nacional